Más de lo mismo

Una nueva internación, de las largas, y nada cambia: el geriátrico, que carece de los medios indispensables como para asistir a los de la ambulancia; el traslado, con los sinsabores propios de cierta rutina; la internación, que implica el ingreso a una suerte de submundo donde el tiempo adquiere una dimensión más inasible que de costumbre.

Si bien estas idas y venidas parecen un “déjà vu” recurrente, siempre me asombro ante la falta de capacitación del personal supuestamente especializado. De hecho, ni quienes trabajan en el geriátrico ni los médicos y enfermeros que reciben a mi viejo en la clínica conocen las características básicas de un enfermo de Alzheimer.

Ayer, mientras la ayudaba a cambiarle el pañal a mi papá (sí… los profesionales nos piden a nosotros, meros familiares, que movamos y contengamos al paciente), la enfermera a cargo me pregunta: “¿siempre fue tan flaquito?”… ¡¿Cómo se puede ser tan ignorante o, peor aún, tan falto de tacto?! ¿Qué formación tuvo esta persona como para suponer que un adulto puede pesar menos de 40 kg estando bien de salud? ¿Dónde está el sentido común que podría haber evitado formular semejante comentario?

Creo que, cuando le contesté con un contundente “no” mientras intentaba desatar el nudo en mi garganta, la mujer cayó en la cuenta de la metida de pata. Para ella, habrá sido un desliz. Para mí, es una prueba sencilla pero muy ilustrativa de la incompetencia de nuestro deteriorado sistema de salud.

Vida sana vs Alzheimer

El diario Clarín publicó hoy una nota con algunos consejos que, si se los aplica, ayudarían a reducir el riesgo de padecer Alzheimer. El artículo, que retoma un trabajo del New York Times, sostiene que una dieta baja en grasas y rica en antioxidantes (pescado, por ejemplo), el ejercicio físico regular, y la elusión del cigarrillo y alcohol en demasía podrían demorar e incluso prevenir la aparición de la demencia senil.

En una entrevista concedida al periódico norteamericano, la doctora Laurel Coleman -médica geriatra y miembro del directorio de la Asociación de Alzheimer de los Estados Unidos- explicó que la presencia de enfermedades vasculares (es decir, las que pueden producir un infarto cardíaco) parece disminuir la capacidad del cerebro para frenar los efectos del desdichado mal

Dicho de otro modo, los mismos factores responsables de aumentar las posibilidades de un ataque al corazón -el colesterol y la presión sanguínea altos, el exceso de peso, el tabaquismo, el sedentarismo- también incrementan el riesgo de desarrollar la enfermedad de Alzheimer. Esto sucede porque, si no cuenta con vasos relativamente libres de placas arteroescleróticas, el cerebro carecerá de un flujo saludable de sangre y, por lo tanto, será menos eficaz a la hora de combatir las enfermedades asociadas a la demencia.

Donde habita el olvido

Como diría Joaquín Sabina, mi padre está “donde habita el olvido”. A veces, mientras yace en su cama del geriátrico, lo miro a los ojos y, por momentos, creo vislumbrar las sombras de ese mundo lejano. Pero no puedo ver mucho más, y entonces me pregunto cómo será ese lugar… ¿Penumbroso o demasiado luminoso (a veces imagino una luz enceguecedora)? ¿Desértico o superabundante en personas, animales, cosas? ¿Se encontrará en un mundo absolutamente desconocido o creerá reconocer algunas caras, ciertos aromas, determinadas melodías? ¿Seguirá siendo Luis, Luisito, Luigi, Don Bertoni, o será un rostro, un cuerpo, un alma sin nombre?

Mientras tanto, acá quedamos sus seres queridos, su casa, su ropa, sus zapatos, sus pañuelos, sus libros de Historia, sus fotos, sus adminículos para afeitarse, sus mates y bombillas, sus anteojos. Los cajones de su mesita de luz están intactos, con la cajita de ballenitas, con algunas anotaciones de puño y letra en distintos trozos de papel.

También quedaron los recuerdos de su Resistencia natal (de su escuela Zorrilla, de Quitilipi, de su abuela Eulalia, de sus tíos Julián y Agustín, de sus padres Eugenia y Juan, de sus hermanas Beatriz y Aída), de sus días de pensión en -como solía decir él- “Cinco Esquinas”, de la abuela Ju, de la tía Mary, de sus amigos del alma Ramón y “el negro” Pitín, de sus barcos remolcadores, de su YPF, de sus primeros años de casado en la calle Estados Unidos de San Telmo, de su felicidad cuando fue padre, de las vacaciones en Atlántida y La Falda, de las broncas familiares, de las reconciliaciones…

Tantas cosas dejó acá y él, cada vez más lejos… Tal vez algún día, venga a buscarlas para recogerlas y llevárselas. Tal vez así pueda retomar su viaje, esta vez con equipaje. Y de paso, justo antes de despedirse, se haga un tiempo para contarme cómo es allá, la insondable tierra donde habita el olvido.

Hacia el test sanguíneo

Un grupo de científicos de la Universidad Northwestern de los Estados Unidos desarrollaron una técnica analítica que abre la vía a una futura prueba sanguínea para identificar el Alzheimer en sus primeras fases. Los resultados de la investigación figuran en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS).

Según informa esta publicación, los científicos emplearon una técnica de análisis ultrasensitiva capaz de detectar las proteínas relacionadas con dicho mal, en el fluído de la médula espinal. Dados los resultados obtenidos, los expertos sostienen que esta innovación supone un paso adelante hacia una prueba sanguínea del Alzheimer.

La mencionada técnica es 100.000 veces más efectiva que las tecnologías de detección convencionales. Tanto es así que los investigadores podrían extenderla a otros marcadores de la enfermedad, en las pruebas del fluido cerebroespinal. También podría ser usada en otras patologías que requieren una detección temprana de niveles extremadamente bajos de sus biomarcadores.