Esperanzas a medias

En el transcurso de esta semana, me topé con dos artículos periodísticos sobre la creación de dos centros de atención especializados en enfermos de Alzheimer. Ambos proyectos son españoles -uno en La Rioja (se trata del Complejo Comunitario Higinia) y otro en Vigo (en la Casa do Mar). En principio, ambos estarán listos para fin de año.

Estos anuncios resultan esperanzadores porque significan un cambio de rumbo en el tratamiento de quienes padecen demencia senil. Al menos desde el sentido común, uno piensa que un establecimiento especializado resultará más eficiente que un lugar donde conviven distintos tipos de pacientes, con distintas necesidades.

En Argentina no sólo no existen institutos especializados en mal de Alzheimer. Por momentos da la sensación de que tampoco existen médicos especializados (no me refiero a investigadores, sino a profesionales concienzudamente preparados para atender y contener a las víctimas de esta patología).

Recuerdo que, cuando buscamos geriátrico para mi padre, no encontramos ninguno con al menos una sala acondicionada para personas con Alzheimer. Los dos establecimientos que terminamos eligiendo no fueron excepcionales en este sentido.

Desde entonces siempre cuestioné la convivencia de personas que padecen distintas enfermedades. Por un lado, esa convivencia carece de fundamento terapéutico; en cambio parece responder a criterios económicos (cuánto más pacientes, más dinero ingresado; la “masificación” no exige especialización y la no-especialización admite sueldos más bajos).

Por otra parte, la convivencia afecta no sólo a quienes padecen Alzheimer (porque no reciben una atención adecuada), sino a los otros internos, sobre todo a quienes están mejor o directamente lúcidos. De hecho, aún ahora me cuesta olvidar la mirada compungida de algunos compañeros de habitación de mi papá – de aquéllos cuya salud mental era envidiable- cuando presenciaban ciertas conductas propias de la demencia.

Ante un anuncio como los mencionados, uno constata cuán lejos estamos del mundo desarrollado en términos de salud. Mientras en países como España contemplan la necesidad de crear centros asistenciales especialmente preparados para enfermos de Alzheimer, nuestros medios de comunicación siguen publicando noticias como ésta.

Vista así, la esperanza en principio transmitida por los artículos citados se diluye en cuanto volvemos a sumergirnos en nuestra cruda realidad, víctima del desamparo.