El hipocampo y la formación de memoria

“El hipocampo es muy importante en la formación de la memoria… Es famoso el caso de un paciente que había perdido la función de ambos hipocampos (hay uno a cada lado del cerebro) como consecuencia de un accidente.

Su memoria actual sólo se extendía unos pocos minutos: quienes conversaban con él debían volver a presentarse porque él lo olvidaba a cada rato. En cambio, conservaba la memoria previa al accidente, lo cual muestra que el hipocampo interviene en la formación de la memoria más que en la conservación de los recuerdos ya existentes”.

Ésta es una de las observaciones clave de la investigación que cuatro investigadores del Conicet en el Laboratorio de Plasticidad Neuronal del Instituto Leloir publicaron en la revista Science, y que Página/12 resumió en su edición del viernes pasado. De alguna manera, el trabajo de Antonia Marín-Burgin, Lucas Mongiat, María Belén Pardi y Alejandro Schinder retoma la investigación que el año pasado realizó Chris McBain del Instituto de Salud Infantil y Desarrollo Humano (NICHD) de los Estados Unidos.

Según el mismo diario, en 2011 el especialista norteamericano señaló que “el hipocampo parece estar en la encrucijada de muchos desórdenes que afectan al cerebro. Diversas investigaciones sugieren que las redes neuronales del hipocampo pueden ser afectadas por desórdenes como el autismo, la epilepsia, la enfermedad de Alzheimer y la esquizofrenia”.

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PD. La foto que ilustra este post corresponde al afiche de Como si fuera la primera vez o 50 first dates. En la película que Peter Segal filmó en 2004, Drew Barrymore encarna a Lucy Whitmore, una chica sin memoria a corto. El caso de estudio que mencionan nuestros científicos del Conicet evoca el film también protagonizado por Adam Sandler, y confirma la estrecha relación entre realidad y ficción.

A la pucha

“A la pucha” contesta mi tía cuando señalo algo que le pasa inadvertido. La expresión viaja por teléfono desde su casa en Resistencia hasta la mía en Buenos Aires. También llega desde un tiempo lejano porque, mientras vivió, mi padre (es decir su hermano) solía acotar “a la pucha” ante un comentario que lo sorprendía.

Tras la fatalidad del Alzheimer, por momentos siento haber heredado la memoria que él perdió, recuerdos que maravillan. Por lo pronto, desde que mi padre falleció (casi siete años atrás) y hasta la conversación telefónica de la semana pasada, nunca reparé en la pertinencia, el tono, la frecuencia de aquella entrañable expresión.

Así, la enfermedad del olvido retrocede un casillero.

A la pucha.

Diccionario incompleto

El sitio web del Ministerio de Salud de la Nación cuenta con una sección denominada “Salud de la A a la Z” que, por si hiciera falta aclarar, promete repasar los “temas de salud de la A a la Z”. Grande es la sorpresa cuando ingresamos y encontramos los resultados correspondientes a la letra “A”Alzheimer brilla por su ausencia.

Por las dudas, buscamos en la letra “M” y Mal de Alzheimer tampoco figura. Por su parte, el apartado dedicado a la letra “D” no incluye Demencia senil.

Podríamos pensar que el catálogo sólo aborda enfermedades físicas, pero no. Las páginas dedicadas al alcoholismo, a las distintas formas de violencia y a la salud mental sugieren que la intención de este diccionario online es más amplia.

Seguro, nuestro Ministerio de Salud tiene obligaciones y compromisos mucho más importantes que la actualización de su sitio web. Dicho esto, la ausencia de información sobre Alzheimer parece anunciar o ilustrar la falta de políticas públicas destinadas a asistir/contener a los argentinos víctimas de esta enfermedad.

Francia otra vez: cobertura al 100%

La tesis doctoral que la médica Anne Samuelle Watteau-Maisons elaboró sobre el impacto de la anosognosia en el diagnóstico clínico de personas de edad avanzada (ver referencias internas aquí, aquí, aquí y aquí) evoca la (todavía vigente*) preocupación del Estado francés por las víctimas del mal de Alzheimer: no sólo por los enfermos sino por los familiares encargados de cuidarlos. Por lo pronto, este trabajo informa que en el hexágono europeo la enfermedad del olvido integra la lista de patologías crónicas cubiertas en un 100% por la seguridad social, y que todo ciudadano tiene derecho a esta cobertura desde el momento en que presenta el diagnóstico correspondiente.

Prevenir la evolución del enfermo es igual de importante. Por eso el Estado galo montó una red de contención para el denominado “cuidador informal”. Este término designa al integrante el entorno afectivo del enfermo, que asume la tarea asistencial sin recibir formación ni percibir remuneración alguna (en general, se trata del cónyuge, de algún hijo o de un ser querido cercano).

En Francia, estas personas son destinatarias de una ayuda estatal que los protege del agotamiento. A continuación, algunas alternativas de las que son beneficiarias.

Psicoeducación individual o en grupo.

Actividades grupales con otros cuidadores informales, adaptadas a necesidades particulares y a la severidad de la demencia enfrentada.

Contención telefónica o por Internet.

Cursos de formación sobre la demencia, los servicios, la comunicación y la resolución de problemas.

Terapia familiar.

Instituciones que se hacen cargo del familiar enfermo durante la jornada laboral y determinados días en especial.

En Argentina estamos a años luz de esta realidad, cuya continuidad -dicho sea de paso- parece correr serios riesgos cuando nos enteramos de los recortes previstos por Nicolas Sarkozy (*de ahí el agregado de la expresión “todavía vigente”). Al margen de estas especulaciones y concentrados en nuestro país, insistimos en reclamar una mayor intervención por parte de nuestros Ministerios de Salud y Acción Social: que al menos reviertan el bajísimo índice de cobertura estatal respecto del Alzheimer, en las antípodas del ¿en vías de extinción? 100% francés.