Día Mundial del Alzheimer. Ambivalencias del reporte anual de la ADI

La ADI publicó su reporte anual días antes del Día Mundial del Alzheimer.

La ADI publicó su reporte anual días antes del Día Mundial del Alzheimer.

Como años anteriores, la Alzheimer’s Disease International aprovechó el Día Mundial del Alzheimer para publicar su reporte anual, a tono con la consigna del momento. En 2014, la estrategia comunicacional de la institución británica subraya la importancia de llevar una vida saludable para así reducir el riesgo de desarrollar la enfermedad del olvido. De ahí el título del informe: Demencia y reducción de riesgo. Un análisis de los factores protectores y modificables.

Según esta gacetilla de prensa, el informe que la ADI publicó el 17 de septiembre es obra de “un grupo de investigadores liderados por el Dr. Martin Prince del King’s College de Londres“. Básicamente, el documento señala que el sobrepeso, la diabetes, la hipertensión, las enfermedades cardiovasculares aumentan las probabilidades de desarrollar Alzheimer. Por lo tanto, el abandono de los hábitos que provocan la aparición de estos factores -la mala alimentación, el sedentarismo, el consumo de tabaco- disminuye este peligro.

En términos más alarmantes, el equipo de Prince sostiene que “la diabetes puede aumentar el riesgo en un 50 por ciento”. Sin embargo, esta síntesis del informe reconoce, por un lado, la necesidad de “más estudios aleatorios controlados” para demostrar el verdadero grado de incidencia de los estilos de vida en el desarrollo de demencia y, por otro lado, la ausencia de evidencias “que determinen qué cambios de vida pueden prevenirla en casos individuales”.

La ambivalencia reaparece cuando los autores del informe se refieren a otra “posible asociación causal” con el olvido patológico: el nivel educativo. En efecto, primero destacan “la evidencia de varios estudios científicos” que sugieren que, a mayor actividad cognitiva, menor frecuencia en la aparición de la enfermedad. Pero luego advierten que esta asociación “puede no ser causal” y que “los beneficios de las actividades de estimulación cognitiva necesitan ser sometidos a pruebas, ensayos aleatorios controlados que arrojen más luz al respecto”.

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La independencia según el Consejo Mundial de Demencia

Dennis Gillings, enviado o embajador del Concejo Mundial de Demencia que creó el G8.

Dennis Gillings, enviado o embajador del Consejo Mundial de Demencia que creó el G8.

Cuando participaron de la Cumbre sobre Demencia a fines del año pasado, los integrantes del Grupo de los Ocho fijaron, entre otros objetivos, la creación de un Consejo Mundial de Demencia responsable de estimular la innovación, el desarrollo, la comercialización de drogas y tratamientos capaces de mejorar la calidad de vida de las personas con Alzheimer y otras enfermedades neurodegenerativas. Según la presentación oficial, este comité cumplirá con su misión “asesorando de manera independiente y ejerciendo liderazgo”. Más adelante, el texto precisa que “la mirada expresada por este Consejo será independiente de todo gobierno y no representará a ninguna política gubernamental”.

Esta otra página institucional presenta al enviado -o principal vocero- del World Dementia Council que, un poco a contramano de la declaración de independencia, fue elegido por el primer ministro David Cameron. Eso sí… La modalidad de contratación es ad honorem; por lo tanto nadie podrá acusar a este embajador sui generis (tampoco a sus co-equipers) de responder a la Corona británica ni a los demás Estados que integran el G8.

El hombre designado es el también británico Dennis Gillings, socio fundador de Quintiles, multinacional que hace décadas asesora a grandes corporaciones farmacéuticas. El G8 le encomendó dos grandes tareas: la primera, trabajar con los demás integrantes del Consejo y otros “expertos internacionales” para alentar iniciativas privadas y filantrópicas que aumenten la cantidad de fondos invertidos en investigación contra la demencia. La segunda, “trabajar con los gobiernos y las partes interesadas para combatir los obstáculos económicos, normativos, sociales que dificultan la implementación de prácticas innovadoras en materia de prevención, tratamiento y atención”.

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A contramano del exitismo

Cuando el exitismo parece una dirección obligatoria, algunos preferimos caminar en sentido contrario.

En contra de la tendencia periodística a convertir anuncios de laboratorios, síntesis de simposios, declaraciones de científicos en adelantos de avances notables, incluso de una cura inminente, El Día de La Plata publicó antes de ayer esta aproximación al I° Congreso Interdisciplinar ‘Beta amiloide y Alzheimer’ que tuvo lugar en Barcelona entre el 9 y el 11 de julio pasado. Un recorrido por Internet sugiere que éste es el único medio argentino (y uno de los pocos hispanófonos) atento(s) a un encuentro con bastante menos prensa que aquél que la Alzheimer’s Association organizó en Copenhague días después.

Además de transcribir parte de las declaraciones que realizaron algunos expositores del evento, el periódico entrevistó a la neuróloga también platense, Diana Cristalli. La médica resumió de esta manera las principales conclusiones del congreso:

 “(Se trata de cuestiones) que nos venimos planteando varios médicos en los últimos años. En Barcelona quedó claro una vez más que, hasta tanto no encontremos la molécula que desencadena la enfermedad, no vamos a dar con la cura y el Alzheimer tendrá destino de epidemia, como ocurre actualmente, pues el número de enfermos crece en todo el planeta”.

 “En el congreso se habló de plaga pero yo prefiero decir epidemia, básicamente porque plaga da idea de transferencia por contagio y el Alzheimer, se sabe, no se contagia”.

 “Por el momento, la opción es un tratamiento con varias drogas. El siguiente paso será intentar que la enfermedad se vuelva crónica, pero por ahora estamos lejos de evitar el inicio de la patología a través de drogas preventivas”.

De las declaraciones hechas en Barcelona, El Día rescató las siguientes palabras de la también neuróloga Teresa Gómez-Isla, investigadora del Hospital General de Massachusetts:

 “La búsqueda de un tratamiento contra el Alzheimer no se ha hecho muy bien. Después de un siglo, tenemos únicamente tratamientos sintomáticos con beneficios muy modestos… Los científicos tienen más preguntas que respuestas”.

 “La buena noticia es que estamos avanzando en algo impensable hace unos años: ver las lesiones en pacientes vivos”.

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El sueño de Samuel L. Jackson

Samuel L. Jackson se siente en condiciones de interpretar a un enfermo de Alzheimer de 91.

A los 65 años, Samuel L. Jackson se siente en condiciones de interpretar a un enfermo de Alzheimer de 91.

A principios de 2013, Samuel L. Jackson contestó el cuestionario “Mi vida secreta“, que The Independent elaboró para invitar a figuras públicas a mostrarse libres del glamour mediático. Ante la pregunta sobre sus planes para los siguientes cinco años, la estrella de Hollywood contestó: “Seguir vivo, filmar una película basada en The last days of Ptolemy Grey [novela de Walter Mosley] y juntar un montón de dinero para donarlo a alguna fundación de lucha contra el Alzheimer”. Al término de aquella especie de formulario, el diario británico anunció que el actor favorito de Quentin Tarantino sería anfitrión del Affinity Real Estate Shooting Stars Benefit 2013, torneo de golf organizado en las afueras de Londres para recaudar fondos con ese mismo objetivo solidario.

A propósito de aquel evento caritativo, Jackson le concedió esta entrevista al Channel 5 donde contó que estaba trabajando en el proyecto cinematográfico mencionado. En esa oportunidad el actor también reveló que su madre batalló contra el olvido patológico hasta que murió en noviembre de 2012. “Es muy difícil presenciar el avance de esta enfermedad en un ser querido tan vital, que estuvo tan presente en tu vida”, dijo.

Semanas o a lo sumo un mes después de la muerte de la madre de Samuel, las salas norteamericanas estrenaron Django sin cadenas, película de Tarantino donde el actor interpretó un rol secundario. En ese contexto de desembarco cinematográfico, Indiewire informó (aquí) que Jackson estaba encarando otros proyectos laborales, entre ellos la adaptación de la novela de Mosley, cuyos derechos de autor ya había comprado.

Según el mismo artículo, el actor había deslizado off the record que el rodaje empezaría en uno o dos años, y que Rodrigo García -hijo de Gabriel García Márquez- dirigiría el largometraje. El mismo Jackson encarnaría al protagonista Ptolemy Grey, enfermo de Alzheimer de 91 años dispuesto a inyectarse un fármaco no autorizado que revierte totalmente el deterioro mental pero que provoca la muerte en una semana. El hombre acepta la propuesta non sancta de un médico apenas conocido, porque quiere repasar su vida con la esperanza de poder reparar los errores cometidos.

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