2025 está demasiado cerca

El Tío Sam debería postergar su ultimatum más allá de  2025.

A través de la Alzheimer’s Association de los Estados Unidos, un grupo de investigadores de ese país solicitó reconsiderar las metas del Plan Nacional de Lucha contra el Mal de Alzheimer que Barack Obama anunció dos años y medio atrás. Básicamente este grupo de trabajo duda del plazo fijado para el cumplimiento del programa de prevención y tratamiento de la enfermedad de Alzheimer: el año 2025. Por eso estableció una serie de estrategias con miras a ampliar la escala del plan, extender su alcance y coordinarlo mejor.

“Perspectivas sobre el ‘Reporte 2014 de las metas establecidas en el Plan Nacional para combatir la enfermedad de Alzheimer'” se titula el artículo publicado en el número de octubre de la revista que la AA edita para sus socios. Los interesados encontrarán una síntesis completa (en inglés) en Alzheimers News Today.

Según el resumen de Leonor Mateus Ferreira, los autores propusieron una revisión de los criterios del plan, “incluso de aquéllos que determinan el desarrollo de drogas, la reducción de riesgos y los nuevos modelos conceptuales que pretenden explicar el olvido patológico”. Los investigadores consideran que “es crucial” la realización de más ensayos clínicos, no sólo para evaluar las estrategias farmacológicas y no farmacológicas, sino para abarcar a más pacientes.

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400 mil enfermos de Alzheimer en Argentina: catorce años de déjà vu mediático

El domingo pasado, a una semana del Día Mundial de Alzheimer, InfoBAE publicó este artículo que enumera las “diez señales para detectar a tiempo” la enfermedad. El autor no identificado del texto escribió: “En Argentina, se calcula que hay cerca de 400 mil enfermos, es por eso que se buscan todo tipo de medidas para frenarlo”. La misma cifra figura al pie de esta otra nota -también sin firma- que Tiempo Argentino le dedicó dos meses atrás a un nuevo análisis de sangre capaz de detectar el olvido patológico. El redactor anónimo la menciona de manera categórica: “400 mil personas sufren de Alzheimer en la Argentina”.

Hará bien el compatriota que dude de la pertinencia de este dato. De hecho, la prensa nacional lo difunde -sin ningún amague de actualización- hace por lo menos catorce años.

“‘En la Argentina, hay 400 mil personas con el mal de Alzheimer, pero sólo entre el 10 y el 15 por ciento han sido ya diagnosticados’, estimó Ignacio Brusco, del Programa de Neurociencias del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires”. El extracto pertenece al artículo que Valeria Román publicó en Clarín cuatro días después del Día Mundial del Alzheimer… de 2000. Si ésta fuera la primera mención de la cifra, entonces por fin identificamos a la fuente que la dio a conocer.

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La lucha contra el Alzheimer en Argentina. El problema de la (dis)continuidad

No es posible avanzar demasiado por senderos discontinuados.

No es posible avanzar demasiado por caminos discontinuados.

El Mes Mundial del Alzheimer suena a ocasión propicia para repasar algunas iniciativas que parecieron tomar el toro por las astas en nuestro país, pero cuyos resultados cuesta rastrear, al menos en Internet. El anuncio del primer emprendimiento que figura en nuestra lista tuvo lugar un 21 de septiembre, Día Mundial del Alzheimer, y fue replicado con bombos y platillos por una prensa sin aparente interés en seguirlo en el tiempo, es decir, en informar cómo se implementó, cuánto duró, qué resultados parciales o totales arrojó. Los demás proyectos llamaron tan poco la atención mediática (cuando la consiguieron) que la ausencia de continuidad pasa desapercibida.

Programa Provincial contra la Enfermedad de Alzheimer y otros Trastornos Cognitivos (PEATC)
Fue anunciado el 21 de septiembre de 2010 por Sergio Alejandre, viceministro de Salud y subsecretario de Coordinación y Atención de la Salud de la provincia de Buenos Aires. Cuando lo buscamos en Google, los resultados sugieren que los medios mencionaron el tema por última vez… al día siguiente.

Nuevo test de diagnóstico precoz desarrollado en los Estados Unidos pero puesto a punto por el Servicio de Investigación y Rehabilitación Neuropsicológica (SIREN) del CEMIC
Publicado en La Nación el 11 de octubre de 2010, el anuncio generaba expectativas mediante la especulación de que la nueva técnica podría estar disponible en 2012. Pasaron dos años más desde entonces y resulta difícil encontrar información que confirme o rectifique el augurio.

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La independencia según el Consejo Mundial de Demencia

Dennis Gillings, enviado o embajador del Concejo Mundial de Demencia que creó el G8.

Dennis Gillings, enviado o embajador del Consejo Mundial de Demencia que creó el G8.

Cuando participaron de la Cumbre sobre Demencia a fines del año pasado, los integrantes del Grupo de los Ocho fijaron, entre otros objetivos, la creación de un Consejo Mundial de Demencia responsable de estimular la innovación, el desarrollo, la comercialización de drogas y tratamientos capaces de mejorar la calidad de vida de las personas con Alzheimer y otras enfermedades neurodegenerativas. Según la presentación oficial, este comité cumplirá con su misión “asesorando de manera independiente y ejerciendo liderazgo”. Más adelante, el texto precisa que “la mirada expresada por este Consejo será independiente de todo gobierno y no representará a ninguna política gubernamental”.

Esta otra página institucional presenta al enviado -o principal vocero- del World Dementia Council que, un poco a contramano de la declaración de independencia, fue elegido por el primer ministro David Cameron. Eso sí… La modalidad de contratación es ad honorem; por lo tanto nadie podrá acusar a este embajador sui generis (tampoco a sus co-equipers) de responder a la Corona británica ni a los demás Estados que integran el G8.

El hombre designado es el también británico Dennis Gillings, socio fundador de Quintiles, multinacional que hace décadas asesora a grandes corporaciones farmacéuticas. El G8 le encomendó dos grandes tareas: la primera, trabajar con los demás integrantes del Consejo y otros “expertos internacionales” para alentar iniciativas privadas y filantrópicas que aumenten la cantidad de fondos invertidos en investigación contra la demencia. La segunda, “trabajar con los gobiernos y las partes interesadas para combatir los obstáculos económicos, normativos, sociales que dificultan la implementación de prácticas innovadoras en materia de prevención, tratamiento y atención”.

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