Reflexiones varias

Éste es el quinto día de internación, y ya siento que las fuerzas me abandonan. No sé si el cansancio se debe a mi falta de resistencia física o si, cada vez más, me cuesta tolerar estas hospitalizaciones tan inciertas como extendidas, que en definitiva no conducen a nada (bueno).

Por si esto fuera poco, el contexto no ayuda demasiado. Las tan mediáticas muerte de Terri Schiavo y agonía del Papa no hacen más que exponer las paradojas de la medicina actual, y fomentar ciertas reflexiones (¿filosóficas?, ¿teológicas?, ¿éticas?) acerca de nuestra visión de la muerte y de esa obtusa necesidad de prolongar la vida a toda costa, aún cuando lo implementado para llegar a tal fin sea sinónimo de sometimiento, sufrimiento, humillación, insensatez e insensibilidad.

El martes 29, mientras me econtraba en la clínica, leí la contratapa de Página/12, titulada “Mirar morir” y firmada por Rodrigo Fresán. Como bien dice este periodista argentino radicado en España, cuando nos desgarramos las vestiduras ante la idea de la muerte (sobre todo ante la noción de eutanasia o de algún tipo de muerte asistida), no nos referimos al acto de morir, al preciso momento en que dejamos de respirar y nuestro corazón se detiene, a esa “experiencia íntima, privada e intransferible”.

En realidad, nos referimos a la agonía previa a ese instante. Y, sobre todo -y esto lo digo yo, no Fresán- pensamos en el deceso del otro (cómo imaginar el nuestro propio, si no es a partir de lo que les sucede a los demás, de lo que podemos presenciar).

Justamente, cuando pienso en mi viejo, estoy segura de que, si hubiera podido anticipar su interminable agonía, habría solicitado que lo dejaran en paz. Conociéndolo, habría mandado a la mierda a toda la corte de médicos y enfermeras, y se habría escapado a algún lugar tranquilo, probablemente a orillas de un río o mar, y habría sabido esperar (siempre fue un tipo muy paciente) “su” momento.

Pero lamentablemente “su” momento está en manos de otros, y no precisamente de Dios. De hecho, ya no es “su” momento, sino el de quienes se empeñan en sujetarlo, pincharlo, inyectarlo, oxigenarlo, aspirarlo, monitorearlo, forzarlo, invadirlo. Es el momento de quienes, sin la más mínima piedad, pretenden “salvarlo” o “rescatarlo” de un final inexorable. Es el momento de quienes dicen trabajar por la vida cuando, en realidad, la limitan, la cercenan, y la degradan a una patética sobrevida.

“No me torturen más”, alcanzó a decirle ayer a una enfermera mientras ésta luchaba por higienizarlo… Aún cuando está “ido”, mi viejo percibe el sufrimiento al que lo someten día tras día. Dadas sus condiciones, lo único que puede hacer es pedir clemencia. Por lo demás, así como Terri Schiavo, Juan Pablo II, y tantos otros enfermos anónimos, es víctima de una sociedad que lo condena a “perdurar”.

2 pensamientos en “Reflexiones varias

  1. Leo tu relato y lo que atino a hacer es llorar y entenderte ya que mi mama esta pasando por lo mismo pero con la diferencia de que no la puedo soltar.soy tan egoista que no imagino mi vida si se muere,ya se que esa señora que esta en la cama solo se parece a mi mama pero ya casi no lo es .gracias por tu relato ahora no me siento tan sola.

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