La ansiedad del enfermo

A nivel anímico, la ansiedad provoca angustia, temores, preocupación, inseguridad y, a nivel físico, tensión muscular e hiperactividad digestiva, cardíaca, respiratoria. Aunque la mayoría de las investigaciones científicas sostiene que este trastorno afecta sobre todo a los adultos jóvenes, algunos profesionales señalan que también aparece con frecuencia entre las personas mayores, incluidas aquéllas con Alzheimer.

En este informe publicado online, el Dr. Javier Merino Aguado va más allá y se hace eco de colegas que observan un mayor índice de ansiedad en ancianos dementes que en sanos. En ocasiones, los síntomas ansiosos (por ejemplo, la típica agitación ante situaciones confusas, sorpresivas o desconocidas) que acompañan los primeros escalones de la patología son la principal causa de urgencias médicas.

Entre otras cuestiones, el médico español explica que los pacientes suelen perder el control cuando reconocen las fallas de su memoria, o ciertas limitaciones cognitivas, y ante cuatro situaciones igual de desestabilizadoras. A saber:

1) Situación desafiante
El enfermo se siente incapaz de realizar ciertas tareas (por ejemplo, responder una pregunta) y entonces entra en un estado de agitación, que en ocasiones puede alcanzar grandes magnitudes (a esta reacción se la define “catastrófica”). En estos casos la ansiedad se manifiesta en los planos cognitivo (sensación de frustración),  conductual (inquietud, hiperquinesia) y somático (taquicardia, sudoración).

2) Situación desconocida
Los cambios en el entorno habitual (de lugar de residencia, de cuidador, de actividades rutinarias) también generan un estado de ansiedad que se expresa a nivel cognitivo, conductual y somático. A veces, esta sintomatología cede cuando el paciente recupera su “realidad cotidiana”.

3) Situación de aislamiento
La falta de vínculos es quizás uno de los factores más nocivos para un enfermo de Alzheimer. De la ansiedad, el paciente puede pasar a un trastorno más grave y difícilmente reversible como la depresión. 

4) Sensibilidad a los medicamentos y/o problemas médicos colaterales
Algunos fármacos pueden provocar o exacerbar síntomas ansiosos, como los neurolépticos, antidepresivos, anticolinérgicos, broncodilatadores, corticoides. Algo similar sucede cuando el paciente sufre alguna otra dolencia que lo desconcierta y que exige la intervención de profesionales ajenos a su entorno o una internación (estas circunstancias excepcionales recrean las situaciones 2 y 3, y por lo tanto aumentan notablemente los niveles de ansiedad).  

Igual que el tratamiento de Alzheimer, el tratamiento de los trastornos de ansiedad en hombres y mujeres con demencia senil también debe ser personalizado. Por la escasa colaboración que prestan, resulta imprescindible realizar una valoración minuciosa e integral que considere los aspectos físico, intelectual, ambiental y social de los pacientes afectados.

Antes de recurrir a la farmacología, conviene apostar a la capacidad reparadora de la interacción. De hecho existen altas chances de mejoría cuando rescatamos a la persona del aislamiento, cuando le brindamos contención afectiva y verbal, cuando la ayudamos a relajarse, y cuando (en la medida de lo posible) la dejamos participar en algunas tomas de decisión y actividades.

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