El amor en tiempos de Alzheimer

Ante la adopción cada vez más globalizada del 14 de febrero como día de los enamorados para algunos o del amor a secas para otros, la cercanía de esta fecha invita a reflexionar sobre la importancia del cariño y el afecto en un presente signado por el Alzheimer. Por lo pronto, quienes tuvimos/tenemos algún ser querido víctima de este mal conocimos/conocemos las bondades de una memoria sensorial indemne a la guadaña del olvido, y el refugio que ofrecen los vínculos sólidos, inalterables aún en la adversidad.

Por suerte podemos recurrir a los sentidos cuando el reconocimiento intelectual desaparece, es decir, cuando nuestros padres, esposos, tíos, abuelos, dejan de saber quiénes somos y/o nos confunden con otra(s) persona(s). Una caricia en el cabello o en el rostro, un beso en la mejilla, un abrazo, la unión de manos disipan confusiones, acortan distancias, devuelven seguridad, rescatan sensaciones y emociones.

Desalojada del cerebro, la memoria parece trasladarse a la piel. Por eso, el contacto físico habilita un reconocimiento que difícilmente podemos explicar, pero que constatamos claramente en la conducta del enfermo: en general, éste pasa del extrañamiento, de una actitud defensiva (a veces agresiva) a la aceptación de ese otro en principio ajeno y ahora percibido como cercano, familiar, querido.

En ocasiones, da la sensación de que la memoria también se traslada al olfato y al oído. Si durante años acostumbramos a usar tal o cual perfume, es posible que nuestro aroma estimule cierta sensación de afinidad. Asimismo, entonar una vieja canción puede evocar recuerdos agradables asociados a nuestra voz y/o a la melodía en cuestión: en ese caso, se produce una conexión interpersonal casi inmediata.

Tiempo, dedicación y paciencia son los grandes pilares de un acompañamiento y contención saludables para el enfermo. Coincidentemente, en un contexto sano, constituyen la base de cualquier relación donde prima el amor.

En general, el Alzheimer no destruye la solidez del vínculo entre padres e hijos, entre esposos, entre abuelos y nietos, entre tíos y sobrinos, entre hermanos, entre amigos. De alguna manera, el afecto se las ingenia para burlar el olvido y encontrar nuevas formas de expresión y confirmación: los 14 de febrero celebremos también esto.

2 pensamientos en “El amor en tiempos de Alzheimer

  1. Hace una semana rescate un perrito callejero, era un día frío y lluvioso y lo que se me ocurrio fue llevarselo a mi mami (afectada de alzheimer desde hace 5 años) para que lo abrigue mientras preparaba algo de comer, inmediatamente le empezo a hacer cariños, todos esos que hacía conmigo cuando era niña y que ahora solo viven en mis nostálgicos recuerdos, no tuve otra opción que adoptarlo, cuando llega de su centro recreacional se lo acerco para que le lama la cara y le haga mimos, tuve que adoptar al cachorro, e incluso ella me lo pide para dormir… en las noches varias veces voy a su cuarto para ver como estan y la veo como una niña y su mascota, lo cuida y le da afecto, es muy conmovedor para mí verla así, se que en el fondo mi madre aun sabe amar y sabe expresarlo aunque no sea conmigo, esto me ha dado una esperanza, se que siente, que su silencio es solo una barrera que detras aun esta esa mujer luchadora que me dío el ser, por eso hoy más que nunca aprovecho cada oportunidad que tengo para besarla y abrazarla…

  2. Era una mañana agitada, eran las 8:30, cuando un señor mayor de unos 80 años, llegó al hospital para que le sacaran los puntos de su pulgar. El señor dijo que estaba apurado y que tenía una cita a las 9:00 am.

    Comprobé sus señales vitales y le pedí que tomara asiento, sabiendo que quizás pasaría más de una hora antes de que alguien pudiera atenderlo. Lo ví mirando su reloj y decidí, que ya que no estaba ocupado con otro paciente, podría examinar su herida. Durante el examen, comprobé que estaba curado, entonces le pedí a uno de los doctores, algunos elementos para quitarle las suturas y curar su herida.

    Mientras le realizaba las curaciones, le pregunté si tenía una cita con otro médico esa mañana, ya que lo veía tan apurado. El señor me dijo que no, que necesitaba ir al geríatrico para desayunar con su esposa. Le pregunté sobre la salud de ella.

    El me respondió que ella hacía tiempo que estaba allí ya que padecía de Alzheimer. Le pregunté si ella se enfadaría si llegaba un poco tarde.

    Me respondió que hacia tiempo que ella no sabía quien era él, que hacía cinco años que ella no podía ya reconocerlo. Me sorprendió, y entonces le pregunté, ‘Y usted sigue yendo cada mañana, aun cuando ella no sabe quien es usted?’

    El sonrió y me acarició la mano. ‘Ella no sabe quien soy, pero yo aún se quien es ella.’ Se me erizó la piel, y tuve que contener las lágrimas mientras él se iba, y pensé, ‘ése es el tipo de Amor que quiero en mi Vida.’

    El Amor Verdadero no es físico, ni romántico. El Amor Verdadero es la aceptación de todo lo que es, ha sido, será y no será.

    Con todas las bromas y cosas divertidas que hay en los e-mails, a veces viene uno que tiene un importante mensaje. Este es uno que creo puedo compartir contigo. La gente más feliz no necesariamente tiene lo mejor.

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