Esfuerzo colectivo

A medio camino entre el juego y un interés casi científico, le presto especial atención a la manera en que dos hermanos de seis años (re)construyen sus recuerdos. Magnifican por un lado, minimizan por el otro, reversionan los hechos que yo también hilvané a mi manera.

La experiencia sugiere que los seres humanos nos forjamos un pasado en el presente. Importan menos las capturas que hicimos del ayer que lo que hoy hacemos con esos fotogramas: cómo los editamos, con qué música de fondo, ritmo e intensidad los proyectamos.

Salvando algunas distancias, el procedimiento es similar al que les aplicamos a los sueños: lejos de recordar todas nuestras vivencias oníricas, nos quedamos con algunas y recién cuando despertamos les asignamos una lógica y hasta un significado.

Los nenes en cuestión se aferran a tres o cuatro anécdotas más o menos recientes (a lo sumo datan de un año atrás) y cada tanto las comparten con los adultos que también las vivimos. Mientras evocan esa porción de pasado, verifican datos, buscan nuestra confirmación o rectificación, corrigen cuando lo consideran pertinente.

Por lo visto, el intercambio con el otro ayuda a elaborar el relato que solemos definir con la palabra “recuerdo”. Al menos en esta instancia, la memoria no parece trabajar sola: supone un esfuerzo colectivo.

La constatación doméstica me retrotrae a mi padre enfermo, a los primeros grandes agujeros mentales que mi madre y yo intentamos cubrir con la esperanza de preservar la integridad de una memoria cada vez más apolillada y menos autónoma.

Como estos nenes de seis años, las víctimas de Alzheimer también buscan nuestra confirmación o rectificación mientras reeditan viejas anécdotas. Ayudémoslos no sólo a recordar episodios específicos sino a confiar en el esfuerzo colectivo que en definitiva nos protege del olvido a grandes y chicos, a sanos y enfermos.

3 pensamientos en “Esfuerzo colectivo

  1. Estoy en esa etapa de tratar de cubrir esos ya grandes agujeros mentales de la memoria apolillada de mi mamá

    Esfuerzo colectivo del que también tira mi hijo, mi pareja, la señora que la cuida y hasta algunos buenos amigos.

    Todo sirve!!

  2. Qué buena observación, María!
    Seria bueno que pudiéramos tenerles la misma paciencia que les tenemos a los niños; lamentablemente, por lo menos en las primeras etapas de la enfermedad y ayudados por un cierto grado de negación, tendemos a pensar que lo hacen adrede…
    Felicitaciones por el blog!!!

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