Memoria y edad

Para explicar el funcionamiento de la memoria, las neurociencias suelen basarse en el modelo de Endel Tulving que distingue cinco sistemas mnésicos: la memoria de trabajo, la memoria episódica, la memoria semántica, la memoria de procedimiento y la memoria perceptiva. Conocerlas ayuda a describir el desgaste provocado por el envejecimiento normal.

1) La memoria de trabajo mantiene momentáneamente activos datos cuyo formato fácilmente accesible admite la manipulación necesaria para realizar tareas cognitivas complejas y diversas como la lectura, el cálculo mental, la escritura, la resolución de problemas, la retención de un número de teléfono antes de marcarlo.

2) La memoria episódica graba a largo plazo sucesos que vivimos, situados en su contexto temporal y espacial.

3) La memoria semántica graba nuestro conocimiento general sobre el mundo, nuestros conceptos, nuestras reglas, nuestro idioma. Es decir, todo lo que podemos utilizar sin hacer referencia a los hechos que contribuyeron a su formación.

4) La memoria de procedimiento corresponde a las reglas, estrategias o procesos que utilizamos sin necesidad de pensarlos, por ejemplo andar en bicicleta.

5) La memoria perceptiva nos permite memorizar de manera inconsciente rostros u objetos por ejemplo, así como la forma visual y auditiva de las palabras.

La puesta en marcha de estos cinco sistemas mnésicos depende de:

La recepción, selección consciente o inconsciente y, de manera más general, del tratamiento de informaciones recibidas por los sentidos;
La codificación y almacenamiento de esas informaciones;
La consolidación de la información cuando ésta se repite;
La capacidad de acceder a estas informaciones registradas: la recuperación.

La edad repercute de manera distinta en estos cinco tipos de memoria. La episódica es la que más se altera por un defecto de inicio de los procesos de codificación eficaces. La consolidación de los recuerdos, que esencialmente se beneficia con el sueño lento, pierde eficacia en la medida en que disminuye este estadio de sueño. Por otra parte, las estrategias de recuperación pierden nivel de detalle con la edad.

La memoria de trabajo, sobre todo las capacidades de manipulación de la información, también es (son) muy sensible(s) al paso del tiempo. Flaquean especialmente la puesta al día de la información y su inhibición intencional.

Con respecto a la memoria semántica, las personas mayores a veces muestran un rendimiento superior al de una persona joven por el enriquecimiento del vocabulario con la edad. Dicho esto, pueden aparecer problemas en la recuperación de información, que suelen provocar ausencias de palabras. También pueden surgir dificultades a la hora de adquirir nuevos conocimientos semánticos, en particular cuando se trata de aprender nombres propios.

En cuanto a la memoria de procedimiento, puede observarse una disminución en la velocidad de incorporación de nuevos procesos, sobre todo por la declinación de las memorias del trabajo y episódica. Pero una vez que el proceso nuevo se adquiere y automatiza, la retención es equivalente a la de un sujeto joven.

Por último, la edad no afecta a la memoria perceptiva.

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PD. Contenido extraído de la tesis doctoral de la médica francesa Anne Samuelle Watteau-Maisons sobre el impacto de la anosognosia en el diagnóstico clínico de personas de edad avanzada. Aquí, la referencia interna.

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