El incendio de un geriátrico y una porción de realidad intacta

Esta mañana, nuestros principales medios de comunicación informaron sobre el incendio en un geriátrico del barrio porteño de Floresta que provocó la muerte de dos pacientes y la internación de otros 22. En este artículo por ejemplo, Clarín reproduce cables de las agencias de noticias DyN y Télam, y cita al jefe del equipo de bomberos que trabajó en el lugar: “es muy prematuro hablar de las causas” sostuvo. Si bien señaló la presencia de una estufa de tiro balanceado en la habitación donde se habría iniciado el fuego, enseguida aclaró que no podía especificar “las condiciones de funcionamiento (de la instalación)”.

El mismo matutino transcribe declaraciones de Eduardo Semino, defensor del Pueblo de la Tercera Edad en la Ciudad de Buenos Aires. “Esta situación no es nueva -advirtió- llega el invierno y hablamos de controles, pero estructuralmente no le damos soluciones”. Consultado sobre la habilitación de la institución siniestrada, el funcionario contestó que aparece “formalmente” aprobada “lo cual no quiere decir que no tenga sobrepoblación”.

Pasamos a Diario Popular y leemos que “en dos años hubo al menos 32 fallecidos en geriátricos incendiados”. La nota no cita ninguna fuente oficial; sólo aclara que el recuento se circunscribe a las “áreas de Capital Federal, Gran Buenos Aires y Córdoba”. Quizás el cálculo haya sido elaborado por el mismo periódico.

Estos tres elementos mediáticos (la declaración imprecisa del jefe de bomberos; el reclamo del defensor sobre la falta de soluciones estructurales y la eventual sobrepoblación; la aparente ausencia de estadísticas oficiales) renuevan la sensación de indefensión que (re)conocemos quienes tuvimos o tenemos a un ser querido internado en algún geriátrico.

Causa un poco de gracia -por no decir amargura- que, en la bajada o pequeña síntesis superior del mencionado artículo de Clarín, la expresión “centro de jubilados” aparezca en tanto equivalente de “geriátrico”. En MaldeAlzheimer preferimos describir estas instituciones como la “última morada” de nuestros mayores enfermos o, en términos más académicos, como asilos donde el poder médico se basa en una “cláusula de disimetría” que apunta a la dominación/sujeción de la persona internada (el fenómeno de indefensión reaparece desde otra perspectiva).

Hace seis años casi exactos, este blog celebró que el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires dispusiera el desalojo de 83 geriátricos privados que violaban normativas de higiene, seguridad y calidad de servicio. Desde entonces, cuesta encontrar información sobre medidas similares.

En una última cobertura registrada (anterior a la de hoy viernes), el hecho noticioso partía de una clausura para contar un incidente digno de la sección Policial. El episodio ocurrido en septiembre de 2010 inspiró este otro post.

La noticia de esta mañana remueve pensares y sentires que siguen acompañándonos porque ciertas porciones de realidad se mantienen intactas en nuestro país. En efecto, el control de los geriátricos dista de ser una prioridad no sólo en la agenda de nuestros Estados (provinciales, porteño y nacional) sino para la mayoría de nuestros compatriotas, indiferentes a las problemáticas asociadas a la vejez.

Acaso esta constatación sea tan lamentable como las dos muertes y 22 internaciones causadas por el -tal vez evitable- incendio en Floresta.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s