Memoria sana; lectura crítica

Algunos familiares de víctimas de Alzheimer tratamos de reprimir el escepticismo originado en la difusión mediática de descubrimientos científicos que prometen prevenir, detener, ¡incluso curar! la enfermedad. Sin embargo cada tanto nos topamos con artículos que nuestra memoria (todavía sana) reconoce como muy parecidos a notas anteriores, y entonces volvemos a abrazar la causa de la lectura crítica.

“Probaron con éxito una vacuna contra el Alzheimer” es el título de la nota que el diario El Sol de Mendoza publicó el pasado viernes 8 de junio, y que reedita la sensación de déjà-vu frustrante. El anuncio es una traducción de la gacetilla de prensa que el Instituto Karolinska publicó dos días antes en su sitio web: en pocas palabras, el texto explica que la solución inyectable de nombre “CAD106” activa los glóbulos blancos, responsables de defender al cuerpo de agentes externos, y por lo tanto puede evitar la formación de la famosa placa beta-amiloide.

Además de evocar otras vacunas ya presentadas en sociedad (y de las cuales no volvimos a saber), el artículo hace resonar en nuestras cabezas el vocablo “Karolinska”. Buscamos entonces en MaldeAlzheimer mismo, y encontramos dos posts que mencionan a esta institución académica sueca. El primero data de mayo de 2006 y replica estadísticas recogidas por el diario Clarín. El segundo comparte información (enviada en agosto de 2007 por una lectora del blog) sobre un transplante -también prometedor- de células nerviosas capaces de reemplazar a aquéllas destruidas por algunas enfermedades mentales como el olvido patológico.

Nuestra entrada de 2007 señala a la “Universidad Karolinska” como co-autora de un descubrimento tan esperanzador como la vacuna CAD106. En este punto cabe destacar que, en los casi cinco años transcurridos desde entonces, nada más se supo de aquel tratamiento “a base de Fenserín”.

Los legos en la materia no estamos en condiciones de comprobar el verdadero alcance de las novedades científicas. Por eso insistimos en pedir cautela mediática ante los sistemáticos ejercicios de autobombo que los centros de investigación -sean laboratorios comerciales o altas casas de estudio- suelen hacer desde sus sitios web y/o desde las revistas especializadas (dicho sea de paso, los periodistas saben mejor que nadie que algunas publicaciones científicas admiten notas pagas sin rigurosidad académica pero con claros fines promocionales).

Además de contribuir a la confusión generalizada en torno a la enfermedad, títulos como el mencionado “Probaron con éxito una vacuna contra el Alzheimer” o -peor aún- “Descubren que una medicina contra el cáncer logra curar el Alzheimer en seis horas” generan las mismas falsas expectativas que anuncios más sobrios como éste de Radio Suecia que termina con la frase “se cree que el hallazgo puede no solamente detener el avance de la enfermedad, sino revertir sus efectos”.

Todos los familiares de víctimas de Alzheimer quisiéramos creer en cada avance científico celebrado por la prensa, simplemente porque aguardamos una solución concreta. Sin embargo, algunos tememos que las coberturas periodísticas terminen convirtiendo nuestro espíritu crítico en irremediable cinismo.

Ojalá la memoria sana también nos proteja de este otro peligro.

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