(Más) reparos sobre el periodismo científico

La ciencia es mucho más estable, aburrida, paulatina que lo que la lógica periodística requiere, con el titular y la cosa que brille. El periodista científico tendría que tener una formación académica, especializada en epistemología e historia de la ciencia. Porque nunca va a ser un científico, debe tener una mirada externa, global sobre el significado social de la ciencia, más allá de conocer si la enzima tal hace tal cosa o tal otra.

MaldeAlzheimer arranca 2013 con esta reflexión de Héctor Palma, doctor en Filosofía y profesor de la Universidad de San Martín que en julio de 2012 presentó su libro Infidelidad genética y hormigas corruptas. Una crítica al periodismo científico, y que el diario Página/12 entrevistó el lunes pasado. Las críticas de este estudioso a la divulgación científica a cargo de los medios de comunicación les dan sustento a nuestos reparos respecto de la cobertura que la prensa suele dedicarle a la enfermedad del olvido. De ahí la ocurrencia de compartir más información sobre este trabajo.

Por lo pronto la editorial Teseo publicó aquí un extracto de la obra, que consiste en la presentación y parte del primer capítulo. Este blog transcribe los siguientes párrafos, que siguen aportando agua a nuestro molino.

La amenización mediática de la ciencia suele llevar a la trivialización, a la frivolidad, a la superficialidad e incluso a grandes distorsiones ideológicas, sea porque surge de gruesos errores desde el punto de vista científico, epistemológico y de especulaciones infundadas, sea porque el desprecio por la rigurosidad y la palabra se confunde con una decisión metodológica y disciplinar dirigida a lectores menospreciados y cuyo objetivo parece ser simplemente mantener un (pequeño) nicho más de supervivencia profesional.

Es común también un desacople alarmante entre el título de la nota y el contenido, no sólo en el sentido opinable de cuál sea el mejor título sino, lisa y llanamente, porque en la nota se dice lo contrario o algo muy diferente de lo que promete el título (…). Una variante de esto es que el título suele ser más rimbombante y espectacular que el modesto contenido. Es claro que la necesidad de un título atractivo es parte de la lógica periodística comercial, derivada seguramente del periodismo de espectáculo que ha impuesto su formato en todos los demás ámbitos (periodismo político, deportivo, etc.), aunque sería deseable algo más austero y prudente en el periodismo científico (…).

El error que comete el periodismo científico no es tan solo adherir por acción, estilo u omisión a un determinismo biológico burdo, sino que, además, lo hace a través de una imagen errónea del funcionamiento de la genética. Esta perspectiva apuesta a una relación univoca, detectable y manipulable, ‘un gen-un rasgo’ y sólo habría que esperar su identificación específica.

En septiembre pasado, Palma habló con la agencia de noticias Paco Urondo, que también se hizo eco de la presentación del mencionado libro. Entre otras cosas, dijo:

Si se acepta que difundir la ciencia es una tarea importante e insoslayable para el mundo actual, ¿por qué habría que dejarla entonces en manos de las empresas de medios masivos de comunicación? La lógica comercial de funcionamiento de los medios masivos resulta inadecuada por varias razones. Los tiempos de elaboración, la necesidad de espectacularidad y de tener todo el tiempo noticias nuevas y la escasez de mecanismos de control académico, no tienen nunca, o casi nunca, un correlato con el funcionamiento de la ciencia (…).

Estos periodistas parecen necesitar revoluciones científicas semanales o, a lo sumo, quincenales (para beneplácito de quienes creen que hay orden y armonía en el mundo, en general esto coincide con la periodicidad del medio), pero el trabajo de los científicos suele ser mucho más monótono y menos espectacular. Por otro lado, la comunicación de la ciencia nunca será masiva y es absurdo esperarlo, como no sea para agrandar un negocio (…).

Asimismo, buena parte del periodismo científico responde a la necesidad de sectores de la comunidad científica necesitados de golpes de efecto mediático, sea por cuestiones meramente narcisistas, sea para conseguir y/o justificar la utilización de fondos públicos. Otra cuestión no menor resulta de la altísima permeabilidad de los medios masivos al lobby de muchas empresas. Por ejemplo laboratorios medicinales que montan operaciones de prensa destinadas a la venta masiva de productos no necesarios, o a bajar los estándares de los protocolos de medicación; empresas de transgénicos, o que producen residuos contaminantes, etc. Este tipo de problemas se da en general, justamente, en aquellas cuestiones en las cuales los ciudadanos deberían hacer uso de su capacidad de decisión.

En noviembre pasado, Palma también le concedió una entrevista al diario Tiempo Argentino. Resulta interesante constatar que su libro causó cierta “molestia” o “incomodidad” en el seno de la comunidad científica nacional.

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