El amor en tiempos de Alzheimer, y la última película de Michael Haneke

 “Me interesaba ver de qué modo lidiamos con la enfermedad irreversible de un ser amado. Es un tema que viví en carne propia y me afectó mucho”.

 “No me interesaba afrontar la vejez y la enfermedad como ‘drama social’, sino contar la relación, profundamente íntima, entre estas dos personas que se aman”.

 “Un símbolo tiene un único significado posible, y a mí me interesa lo contrario: presentarle al espectador cosas que lo hagan pensar, que lo pongan en problemas. Lo peor que me puede pasar es que el espectador sienta que mi película le confirmó alguna certeza”.

Las respuestas de Michael Haneke en la entrevista que Página/12 publicó en febrero pasado, cuando las salas de cine porteñas estrenaron Amour, introducen este comentario tardío sobre una película especialmente conmovedora para quienes lidiamos con el Alzheimer de algún ser querido. Además de describir con sensibilidad los avatares de la convivencia con una persona despojada de su lucidez y autonomía, la crónica de los últimos años de vida del matrimonio compuesto por Georges y Anne le rinde homenaje a la dignidad humana.

Los personajes a cargo de los insuperables Emmanuelle Riva y Jean-Louis Trintignant evocan la historia de Mónica y Marcos cuyo retrato en imágenes -obra de su nieto Alejandro Kirchuk- ganó un premio World Press Photo. El seguimiento de ambas parejas se concentra en la evolución de la relación entre una esposa enferma y su marido devenido en cuidador; la cámara de Haneke se permite ampliar la escena y detenerse en las intervenciones de una hija (interpretada por Isabelle Huppert), un yerno, un alumno (Georges y Anne eran maestros de concertistas de piano) y dos asistentes contratadas.

El cineasta de origen alemán encarna los sentimientos de incomprensión, impotencia, desolación, duelo anticipado en los integrantes del entorno afectivo de la pareja protagónica. Con la caracterización de una de las cuidadoras pagas, desliza sus (nuestros) reparos respecto del personal presuntamente preparado.

Consecuente con sus declaraciones, Haneke sugiere en lugar de aseverar. En todo caso algunos espectadores reconocemos, asentimos, eventualmente confirmamos -no certezas- sino las impresiones y enseñanzas que nos dejó la propia experiencia.

Después de ver Amour, el repaso autorreferencial resulta inevitable. De ahí la profunda conmoción que provoca este trabajo ganador de la Palma de Oro en Cannes y de un Oscar en Hollywood entre otros tantos premios. De ahí la imperiosa necesidad de volver a reivindicar el derecho a la dignidad para nuestros viejos en general y, por supuesto, para las víctimas del olvido patológico en particular.

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4 pensamientos en “El amor en tiempos de Alzheimer, y la última película de Michael Haneke

  1. Había leído críticas sobre esta película pero todavía no la he podido conseguir. He visto varias sobre Alzheimer, y siempre generan debate. Si además existe el plus de la Palma de Oro de Cannes, uno va intuyendo que además va a disfrutar de un hecho artístico.
    Mil gracias por el recordatorio!
    Stella

  2. Es una película dura pero que realmente vale la pena, Stella. La enfermedad que afecta a Anne no es Alzheimer pero sí le quita progresivamente autonomía, lucidez, dignidad.

    Si La separación te gustó, son altas las chances de que el film de Haneke también. Si finalmente la ves, no olvides contar qué te pareció.
    Un beso.

  3. Es que este tipo de enfermedades es como una bomba que estalla en las familias, y nadie prepara a la gente para afrontarlas. “La separación” es una película impresionante, impresionante. Así que trataré de redondear mi listita de films para poder verla y compartir mi opinión.
    Un beso
    Stella

  4. Ahora sí encontré el espacio!!!

    Increíble la valentía de este director en “Amour”, es evidente que vivió lo que filmó. Debería encender un debate mundial. Tratando de hacer una síntesis de todo lo que me produjo, destacaría el tema de la soledad ante el infortunio. El problema no es la decrepitud en sí misma, el drama es cuando alguien debe enfrentarla solo. Lo que ha aumentado en el mundo no es el sufrimiento ante la discapacidad, ha aumentado la soledad…

    Muy muy sincero el director cuando hace notar que para que el sistema de ayudas funcione, hay que aceitarlo con dinero (la espera de propina por parte de los camilleros, la propina a los porteros).

    Muy muy sincero el director cuando hace decir a la hija: “¿En qué puedo serles útil?”, dejando en claro que no es un problema de ella….

    Muy muy sincero el director cuando deja en claro que para la anciana, lo peor es volver al hospital…. ¿Qué hubiera pedido la anciana si hubiera estado aunque sea 10 minutos en un Asilo? ¿Qué está pasando con el cuidado a los indefensos que lo último que querrían es volver al hospital?

    En estos casos, no queda otra que arremangarse y poner el cuerpo, pero tiene que ser toda la familia la que comparta los mismos valores. O todos ayudan económicamente a sostener asistentes las 24 horas (para que el que convive no se desgaste y termine deseando “que este infierno se termine” -y el actor fue más allá del pensamiento-) o hay que poner tiempo y turnarse para los cuidados. Pero para eso hay que torcer el curso de unas cuantas vidas….

    Con el tema de la vejez, los americanos son más pragmáticos: no pretenden cambiar el mundo ni sensibilizar a nadie, analizan para qué lado va evolucionando la sociedad, y proponen un producto para cubrir una necesidad. Dan por hecho de que los hijos no asistirán a los padres, y los padres empiezan a ahorrar desde jóvenes para alojarse en residencias para mayores. Se la llama “industria del retiro”, asumen el abandono que llegará con la decrepitud, y tratan de mitigarlo.

    A mí me gustaría más que se volviera a la familia de la antigua casa chorizo, donde convivían los hijos, los abuelos, los nietos, los solterones. Y el anciano moría en la casa porque siempre había gente, y la vejez no era cosa de uno solo, como tampoco lo era la crianza de los chicos. Pero es una utopía, lo mejor es que directores como Haneke nos pongan un espejo para que nos miremos en un futuro….

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