Repaso terminológico a propósito de un simposio

El lunes y martes pasado, el auditorio FLENI Belgrano se convirtió en escenario del simposio “Diagnóstico diferencial de la enfermedad de Alzheimer” a cargo de David Knopman, Brad Boeve y Daniel Drubach, investigadores en la Clínica Mayo de los Estados Unidos. Mientras el sitio DocSalud publicó esta síntesis general para legos en la materia, el diario Tiempo Argentino le dedicó esta breve crónica concentrada en el anuncio de tres investigaciones -por ahora en fase inicial de desarrollo- en torno a una vacuna terapéutica.

El primer texto interesa más que el segundo. Por un lado, quienes seguimos de cerca la información difundida sobre olvido patológico percibimos como una suerte de déjà vu todo texto empecinado en generar expectativas a partir del vocablo “vacuna” (en este caso, causa gracia el uso del sustantivo “antídoto” como posible sinónimo).

Por otro lado, el resumen de Celina Abud incluye explicaciones que al menos este blog nunca abordó. Por ejemplo, sobre las demencias autoinmunes (producidas por anticuerpos que, cuando atacan una enfermedad -un cáncer por ejemplo- también terminan atacando al cerebro), sobre la llamada “demencia frontotemporal” (que -nos desayunamos ahora- no es del tipo Alzheimer), sobre manifestaciones atípicas del mal de Alzheimer (por ejemplo la “afasia primaria progresiva” o dificultades en el lenguaje, y la “atrofia posterior vertical” o dificultades en la visión).

A propósito de estas precisiones clínicas y terminológicas, bien vale repasar la distinción entre “demencia” y “enfermedad de Alzheimer”, que justamente encontramos en este viejo post publicado en un blog de la mismísima Clínica Mayo. La autora Angela Lude explica lo siguiente…

“El término “demencia” remite a un conjunto de síntomas y no a la enfermedad en sí. Entre estos síntomas figuran dificultades en el uso del lenguaje, pérdida de memoria, déficit de comprensión. En otras palabras, cuando se dice que alguien tiene demencia, significa que presenta ciertos síntomas. A partir de distintos estudios -análisis de sangre (que pueden revelar alguna causa, por ejemplo una deficiencia vitamínica), evaluaciones de las capacidades cognitivas, alguna tomografía computada, los médicos pueden encontrar el orígen de los síntomas de demencia en el 90 por ciento de los casos (…).

Si bien entre el 60 y el 70% de las personas con síntomas de demencia terminan con un diagnóstico de Alzheimer, existen otros desórdenes que provocan demencia: accidente cerebrovascular, mal de Parkinson, demencia frontotemporal, demencia con cuerpos de Lewy entre otros”.

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