“No colabora”

Da la sensación de que el tratamiento de Alzheimer en Argentina sigue detenido en el tiempo, incluso más allá de esa “primera línea” de atención médica que, según los especialistas, carece de formación competente. Motiva esta amarga reflexión otra anécdota en boca de la compañera de trabajo cuya experiencia primeriza con su madre enferma (todavía sin diagnóstico concreto) me retrotrae al infierno padecido con mi padre una década atrás.

La mamá de esta colega presenta algunas alteraciones de la memoria y sobre todo dificultades en el habla, cuyos síntomas más evidentes son las lagunas mentales y la confusión de términos. Ante el riesgo de estar transitando la primera fase de una patología neurodegenerativa, fue derivada a una neuróloga que recomendó hacerla atender en el FLENI e inscribirla en alguno de los talleres concebidos para preservar/estimular la denominada “reserva cognitiva” y así combatir el avance de la enfermedad.

Como la gran mayoría de los pacientes de este tipo, la señora no reconoce ningún cambio preocupante en su conducta cotidiana (la ciencia define este fenómeno como “anosognosia“) y por lo tanto se resiste a asistir regularmente al taller adjudicado.

En realidad va, pero de mala gana.

“Su madre no colabora”, dijo con fastidio la coordinadora del encuentro antes de sugerir la suspensión de la experiencia. Mi compañera cree haber comprendido que la falta de cooperación es otra manifestación del olvido patológico. Por eso no entiende que la profesional del FLENI (¡justo del FLENI!) interprete la resistencia de un paciente como el capricho de una vieja cabezadura que no tiene sentido tratar.

3 pensamientos en ““No colabora”

  1. Si gente que conoce el tema en cuestión se expresa de esa forma más queda en evidencia que sólo quien convive con los enfermos aprende a los ponchazos como manejarse y manejarlos.

    En mi caso me alcanzó ver como se trabajaba en un taller para decidir intentar yo y los pocos que me rodean ese tipo de estimulación.

    Mucho depende también de la personalidad del enfermo. En grupo, el que fue retraído se retrae aún más.

    Gracias Maria por este comentario.

  2. Imagínense de la Fleni para abajo…. Cuando mi madre comenzó a hacer atender a mi padre por una psiquiatra de Pami, intervine en una reunión y huí despavorida…. Después de algunos años, llevé a mi madre a un neurólogo de Pami, y huí despavorida…… Este tema va a ir ganando espacio a medida que todas las familias vayan teniendo un enfermo en su familia, es un goteo…..Y no me quiero acordar de lo que fue el último momento en un “Instituto de Alta Complejidad”, cuando falleció mi padre…..

  3. Diana, Stella, muchas gracias por sus comentarios. Coincido con ustedes en que la experiencia con un ser querido enfermo es el mejor antídoto para preservar al paciente de la inconducta profesional.

    A nosotros familiares también nos cuesta entender que la “no colaboración” forma parte de la enfermedad; terminamos aprendiéndolo a los ponchazos como bien señala Diana.

    Lo triste es que la teoría, la formación aporten poco y nada en este sentido. En definitiva un profesional menos capacitado pero que es un ser humano responsable y sensible puede más que una eminencia con poca empatía por el prójimo.

    Un saludo afectuoso a ambas. Buen fin de semana.

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