Alzheimer y morbo periodístico. La clave del éxito

El diario británico aclara que Sean Connery no tiene Alzheimer… con una foto que sugiere justo lo contrario.

Esta mañana los medios de distintos países siguen preguntándose si Sean Connery tiene Alzheimer, aún cuando ayer Michael Cane negó las declaraciones que la revista alemana Bild am Sonntag le atribuyó el domingo pasado. En base a presuntas declaraciones de Cane, el artículo propalador del rumor cuenta que Connery no siempre sabe regresar a su casa en Nueva York, y que por eso su esposa Michelle Roquebrune se asegura de darle un papel con su número de teléfono antes de que salga a la calle, así recuerda dónde llamarla en caso de sentirse desorientado. Si bien se apresuró a publicar la desmentida de Cane, el Daily Mirror no se privó de encabezar la nota en cuestión con una foto de Connery que muestra un gesto facial asociable a un cuadro de demencia senil: la decisión editorial del periódico británico constituye otro ejemplo de la relación entre Alzheimer y morbo periodístico que comentamos en mayo de 2012.

Justamente el año pasado la prensa mundial aseguró y luego negó que Gabriel García Márquez estaba cayendo en las fauces del olvido patológico. Aquel episodio difiere del aquí comentado porque no nació de una supuesta mala praxis periodística, sino de una divergencia de opiniones transcriptas por los medios: luego de que un amigo y/o un hermano del escritor colombiano se permitieran ensayar un diagnóstico desfavorable, otra amiga negó por Twitter toda hipótesis de enfermedad.

La fruición mediática por anunciar indicios de Alzheimer en figuras públicas mayores de edad equivale a la compulsión por revelar enfermedades terminales o adicciones vergonzantes en celebrities jóvenes. La tragedia, lo sabemos, vende tanto o más que la alegría inherente a ciertos hitos sociales como los casamientos y los nacimientos.

El olvido patológico ofrece una dosis extra de morbo pues promete una involución irreversible: a partir de las crónicas e imágenes, la prensa puede brindar testimonio de una muy ilustrativa decadencia semanal, mensual, anual. Sin embargo, esto también constituye una desventaja porque la ausencia de intriga en estas historias sin espacio para algún giro narrativo esperanzador (es decir para un proceso de recuperación como a veces admiten el sida, el cáncer o la rehabilitación del consumo de drogas y alcohol) corre serios riesgos de aburrir al público.

Por eso la clave del éxito mediático está en el sainete de los dimes y diretes más allá de la voluntad y dignidad del hipotético paciente. No importa si el origen de la primicia es forzado al máximo (al parecer inventado) como en el caso de Connery, o si se basa en declaraciones asumidas como en el caso de García Márquez.

Lo que importa es generar intriga, y prolongarla al máximo, en torno a la veracidad/falsedad del diagnóstico. De ahí la decisión editorial del Daily Mirror de acompañar la desmentida de Caine -por lo tanto la aclaración de que el ex James Bond no padece Alzheimer- con una foto que sugiere justo lo contrario.

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2 pensamientos en “Alzheimer y morbo periodístico. La clave del éxito

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