La ampliación de ‘La Siberia’ en Rosario y el Nobel de Medicina: dos buenas noticias

Para matizar un poco la postura escéptica o cautelosa que mantiene desde sus inicios, este blog hoy se permite celebrar dos buenas noticias difundidas en el transcurso de la semana. La primera es local: se trata de la inauguración de un centro científico y tecnológico en Rosario, especializado en investigar y desarrollar fármacos para combatir las enfermedades de Alzheimer y Parkinson. La segunda tiene alcance internacional pues se relaciona con el anuncio del Premio Nobel de Medicina: entre los tres científicos distinguidos figura el químico estadounidense Randy W. Schekmany, que en la actualidad investiga si la acumulación de placa amiloide propia del olvido patológico se debe a algún problema en la senda de secreción de la célula.

La inauguración del Centro Científico y Tecnológico en el Centro Universitario de Rosario, más conocido como ‘La Siberia’, tuvo lugar justo ayer. La edición santafesina de InfoNews (aquí) y el diario La Capital (aquí) publicaron esta mañana la crónica correspondiente. Junto con otros medios provinciales, informaron que en el nuevo edificio funcionarán, por un lado, una plataforma tecnológica de desarrollo de fármacos en fase preclínica (que depende de la Universidad Nacional de Rosario y del Conicet, y que al parecer es “única en su tipo en América latina”) y, por otro lado, el laboratorio alemán Max Planck de biología estructural, química y biofísica molecular que la Sociedad Max Planck de Alemania coordinará junto con la misma UNR.

En principio, este laboratorio constituye el segundo sitio de excelencia científico-académica de la SMP en Latinoamérica. Su puesta en marcha se enmarca en el programa de cooperación científica germano-argentina que la Embajada de Alemania en Buenos Aires anuncia acá y la mencionada Sociedad teutona, acá.

Resulta especialmente interesante la entrevista que Ignacio Jawtuschenko le hizo para Página/12 al principal impulsor de este emprendimiento, el doctor en Química alemán Christian Griesinger. Entre otras cosas, el especialista explicó lo siguiente:

“Durante años muchos científicos argentinos han ido a Alemania. En Max Planck hemos tenido la posibilidad de conocer la buena formación y la calidad de su trabajo. Ahora que están regresando a su país, nuestra idea es no discontinuar las actividades y analizar formas para seguir avanzando en conjunto.

La forma que encontramos es la de crear asociaciones internacionales. Es así que hemos asociado el Instituto de Psiquiatría de Munich con el Max Planck Buenos Aires, y al Instituto de Biofísica y Química que yo dirijo con el Laboratorio Max Planck de Rosario, que dirige el Dr. Claudio Fernández.

Nuestra organización concreta estas asociaciones tras una evaluación rigurosa de los grupos y la calidad científica de su trabajo, con el objetivo de mantener el nivel científico de Max Planck. Para la ciencia argentina representa un hecho notable dado que en el mundo no hay más de 35 grupos asociados”.

(…)

“Actualmente las grandes empresas farmacéuticas han cambiado su modelo de negocios. No hacen investigación científica temprana, delegan los ensayos en la academia, universidades públicas o en pequeñas empresas de biotecnología para luego, una vez hechas las pruebas, avanzar en el último tramo hacia el fármaco. Esto ha obligado a un acomodamiento de la academia, que ya no está sólo dedicada a la investigación básica, sino también a desarrollos concretos. En esta fase, el rol de la investigación básica es clave para enfrentar estas enfermedades.

En Francia, entre los años 2008 y 2009, se invirtió un billón de euros para investigar enfermedades neurodegenerativas y Alemania decidió invertir quinientos millones de euros para los próximos diez años. Establecer un modelo de interfaz entre el sector público y el privado es clave para que el resultado de la investigación se patente y la industria desarrolle el producto”.

Un último dato relacionado con esta primera buena noticia, y difundido por la Embajada alemana… El 1° de octubre, nuestra Cámara de Diputados distinguió a Griesinger por su aporte al desarrollo de la técnica de resonancia magnética nuclear aplicada al estudio de biomoléculas involucradas en enfermedades neurodegenerativas y por la creación del laboratorio rosarino que contribuye “al progreso de la ciencia en Argentina”.

Para presentar la buena nueva derivada del anuncio del Nobel de Medicina, también recurrimos a dos artículos que el mismo Jawtuschenko publicó en Página/12. En éste nos enteramos de que Schekmany recibió el mismo galardón en 1959 por haber identificado la encima clave en la síntesis del ADN (¿a quien no le entusiasma el antecedente?).

En este otro nos encontramos con declaraciones del mencionado discípulo de Griesinger, el doctor en Química Claudio Fernández, sobre los avances conseguidos gracias al trabajo de los tres ganadores del premio sueco. La metáfora del tránsito y los colectivos de corta, media, larga distancia ayuda a entender los hallazgos en torno al “transporte intracelular”, sobre todo a lo que sucede cuando éste falla: se produce una “acumulación aberrante de biomoléculas en diferentes tejidos” que, cuando afecta a hormonas como el glucógeno o la insulina, provoca diabetes y, cuando afecta a proteínas como la alfa synucleína o el péptido Abeta, promueve el desarrollo de Parkinson y Alzheimer.

Probablemente porque reconocemos nuestras limitaciones a la hora de apreciar la envergadura científica de los trabajos premiados, los legos en la materia tendemos a especular sobre el significado social -quizás político- del dictamen de la Real Academia Sueca de Ciencias. Desde esta perspectiva la distinción celebrada revela, por un lado, el ascendente protagonismo que las enfermedades neurodegenerativas -el olvido patológico entre ellas- adquieren en la agenda pública internacional y, por otro lado, la exigencia de encontrar cuanto antes una cura o método preventivo. De ahí la sensación de que el Nobel (sobre todo para Schekmany, si tenemos en cuenta la investigación que desarrolla actualmente) también constituye un -sin dudas elocuente- gesto comunicacional.

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PD. La foto que ilustra este post muestra la fachada del Instituto de Biología Molecular y Celular que la Presidenta de la Nación inauguró a fines de 2011 y que forma parte del campus científico del Conicet en ‘La Siberia’ rosarina. La imagen fue extraída de la nota que el sitio informativo Rosario 3 le dedicó al entonces “flamante edificio”.

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