Si Michael J. Fox tuviera Alzheimer en vez de Parkinson…

“- Grande, Mike. ¿Me firmás un autógrafo?
– Sí, cómo no…
– Mi abuelo tiene Alzheimer.
– Pero yo tengo Parkinson.
– ¿Me lo firmás igual?”

Al menos para quien suscribe, asistir a los dos primeros capítulos de The Michael J. Fox show (que desembarcó en nuestra televisión paga el lunes pasado) resultó una experiencia interesante más allá de la reaparición catódica del actor que se hizo famoso, primero, por haber protagonizado las exitosas Lazos familiares y Volver al futuro, luego, por haberse convertido en víctima precoz del mal de Parkinson y por combatirlo en el frente público además del privado. El mencionado interés tiene que ver con la inquietud expresada una, dos, tres, cuatro veces en este blog: ¿hasta qué punto las enfermedades neurodegenerativas son compatibles con el ejercicio mediático del humor y con la industria del entretenimiento?

En su nuevo programa Fox encarna a Mike Henry, periodista televisivo, casado, con tres hijos, que decide volver a trabajar ante cámara años después de haberse retirado por motivo de un Parkinson declarado. La ficción corre entonces a la par de la vida real, aunque por el sendero de la comicidad. La intención es clara: desdramatizar las implicancias de la enfermedad en la vida cotidiana del paciente y su entorno.

De esta manera, el actor norteamericano pone en prática cuatro máximas que nuestro compatriota Enrique Pinti deslizó en su famoso monólogo del ángel (aquí, una transcripción ligeramente adaptada al español de nuestra madre patria). La primera, sobre el origen del humor, que “nace de la tierra cuando todo va mal”. La segunda, sobre la conveniencia de aprender a reírse de uno mismo pues “sólo una persona muy inteligente puede reírse de sus propias desgracias porque sabe que la única manera de atacar a la desgracia es no achicarse”. La tercera, sobre la utilidad del humor que “sirve, aunque más no sea, para defenderse de la mediocridad, de la inmundicia, de la ignorancia”. La cuarta, sobre la condición indispensable de “saber reírse de uno mismo para darse el lujo de reírse de los demás”.

El humor de El show de… resulta inofensivo justamente porque está conjugado en primera persona. Aunque no escriba el guión, Fox seguro acompaña a los libretistas en la elaboración de gags inspirados en la propia experiencia como paciente, con su familia, en el trabajo, cuando sale a la calle y se topa con un admirador que confunde impunemente Parkinson y Alzheimer. A la hora de determinar qué límites respetar (sobre todo en una comedia apta para todo público), ¿quién mejor que él?

A Michael le diagnosticaron Parkinson en 1991, es decir, más de veinte años atrás. Cuesta imaginar un caso de Alzheimer similar por dos características fundamentales del olvido patológico. Por un lado, rara vez convive tanto tiempo con el paciente; mucho menos le concede dos décadas de vida relativamente digna. Por otro lado, se ensaña con la lucidez de la persona o, a tono con las máximas de Pinti, le retacea -y a partir de cierto escalón le niega- la oportunidad de entender y aceptar su situación con inteligencia, es decir, con sentido del humor.

En esta diferencia radican los reparos que algunos familiares de personas con Alzheimer sentimos cuando abordamos la inquietud mencionada al principio de este post. Si el paciente no puede (porque ya no sabe) reírse de sí mismo, ¿hasta qué punto un tercero está en condiciones de (y, más importante todavía, tiene derecho a) pergeñar una comedia que bromee sobre la convivencia con esta enfermedad?

También resultaría delicado/a un programa, película, obra de teatro centrado/a en la experiencia del cuidador, pues este protagonista lidia indefectiblemente con el enfermo, es decir, con un personaje que perdió la capacidad de “reírse de la propia desgracia”. Otra vez citamos a Pinti…

Si Michael J. Fox tuviera Alzheimer en vez de Parkinson, si lo arrastrara durante tanto tiempo (acaso 22 años de Parkinson equivalgan a diez de Alzheimer), difícilmente habría estrenado un nuevo show en la televisión. Por lo pronto cuesta imaginar que estuviera en condiciones psicofísicas de hacerlo. Y en el remoto caso de que supiera recordar sus parlamentos ante cámara y respetar las instrucciones del director, ¿de qué estaríamos riéndonos exactamente?

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9 pensamientos en “Si Michael J. Fox tuviera Alzheimer en vez de Parkinson…

  1. Hola! No ví la serie de Fox, pero me parece interesante la reflexión sobre las enfermedades neurodegenerativas y los medios audiovisuales, más estrictamente, la industria del entretenimiento.

    Siempre pensé que el Alzheimer era una tragicomedia, pero las pinceladas de comedia son fruto más bien de la visión de los personajes secundarios, no del protagonista. A menudo suelo contar las ocasiones donde me divertí mucho con mi padre (Alzheimer), pero suelo callar todas las otras donde estallé en llanto por impotencia, dolor, angustia, Supongo que recurrí al humor como una estrategia de supervivencia, y aquí coincido en todo con PInti, pero mi padre no tuvo el mismo recurso, me tuve que encargar de que el alivio le llegara por otros caminos.

    Igual celebro que se lleven estas historias a la pantalla, porque el poder de penetración en la gente es enorme, y así se va sensibiizando…

    Recuerdo que cuando ví “El hijo de la novia”, de Campanella, me dije: “este hombre transmitió, con el tono del film, la esencia tragicómica de la enfermedad”, pero las risas y las lágrimas no provenían de la protagonista…

    El cine tiene muchos directores, y cada tanto aparece algún artista. Apostemos ahí la ficha!!!!!

    Un beso
    Stella

  2. Estamos de acuerdo, Stella, con la contribución que los medios, el cine, el teatro, la literatura pueden hacer en términos de concientización. Por supuesto, la apreciación del alcance de cada obra es subjetiva.

    A mí El hijo de la novia no me gustó, quizás porque la vi en pleno apogeo de la enfermedad de mi padre, cuando hacía escasos meses que lo habíamos internado en un geriátrico y descubríamos otros cuadros de Alzheimer más o menos avanzados que el nuestro (qué cosa el uso de este plural, ¿no?). Pero es cierto, como bien advertís, que en este film el sentido tragicómico emana, no del personaje enfermo que encarna Norma Aleandro, sino del entorno.

    Dicho esto, antes que con la película de Campanella, me quedo con la historieta española Arrugas de Paco Roca y con su versión cinematográfica, curiosamente dirigida por un argentino (Ignacio Ferreras). Aquí también las pequeñas dosis de humor surgen de los personajes que no tienen Alzheimer; aquéllos que sí lo padecen son retratados con una ternura piadosa, pero sin la edulcorada condescendencia que años atrás creí encontrar en el largometraje de Campanella.

    Opiniones personales al margen, ambos ejemplos parecen confirmar esto de que, a diferencia de lo Michael J. Fox hace en su programa de televisión, el Alzheimer y el humor mediático (me importa mucho distinguir entre este humor y aquél que los familiares podemos ejercitar en el ámbito privado) no pueden conjugarse en primera persona.

    Que pases un buen sábado, Stella. Como siempre, gracias por estar del otro lado. 😉

  3. Excelente reflexión la de Stella y coincido con María en que en los cuadros de Alzheimer los personajes secundarios son los que tenemos que ponerle el humor que los pacientes no tienen.

    El ámbito privado en mi caso se ha trasladado al geriátrico donde salvo raras excepciones los familiares nos reimos juntos de nosotros mismos.

    Es otra forma de ir capeando el temporal aunque algunas veces las lágrimas de dolor y de alegría puedan confundirse.

    Buen fin de semana para las dos!!

  4. Hola María: mi madre tiene parkinson avanzado y encontre tu blog buscando testimonios de familiares de enfermos neurológicos en general.
    Tu blog es lo mejor que he leido, tanto las entradas tuyas como las de algunas comentaristas habituales como Diana y Stella.
    No he encontrado testimonios de este tipo sobre Parkinson, pero la lectura de tu blog me hizo muy bien para no sentirme tan solo.
    Soy hijo único y tuve que internar a mi madre en un geriátrico porque le pusieron una sonda para alimentarla y ya no se la puede atender en la casa.
    Se que soy un “colado” en este blog y pido disculpas, pero quería felicitarte y agradecerte por tu iniciativa que es tan útil. Un saludo y te seguiré leyendo.

  5. Buen día, Fabio. Bienvenido a MaldeAlzheimer. Por favor, no te sientas ningún colado. Al contrario, es muy grato imaginarte como un nuevo lector de este espacio.

    Me alegra que te hayas sentido cómodo en el blog y lo hayas encontrado útil. Sospecho que los familiares de enfermos de Parkinson y aquéllos de enfermos de Alzheimer tenemos mucho en común. Por favor, escribí cuando quieras; seguro valoraremos tu experiencia y lo que tengas para decir.

    Gracias por tus amables palabras. Un saludo cordial.

  6. Gracias a vos María por tu dedicación, es admirable.
    No encuentro nada parecido a tu blog sobre Parkinson. En mi caso mi madre ya lleva 20 años de enfermedad y también es una lucha sin esperanzas. El Parkinson te va aniquilando lentamente pero no te mata, destroza al paciente y a su familia. Es como ir descendiendo uno a uno por los círculos del infierno. Lei uno de tus primeros posts sobre la internacion de tu papá para que le cambien la sonda y me dio escalofríos, es una fea experiencia que también he vivido. Todos creemos cargar la cruz más pesada pero de alguna manera leer estos testimonios me ayuda a entender que no soy el único. Un gran saludo a vos nuevamente y un gran abrazo a todos los que luchan contra estas terribles enfermedades.

  7. “El Parkinson te va aniquilando lentamente pero no te mata, destroza al paciente y a su familia. Es como ir descendiendo uno a uno por los círculos del infierno”.

    Fabio, tu descripción suena a déjà vu para quienes convivimos con un enfermo de Alzheimer. Insisto: da la sensación de que una y otra enfermedad tienen más puntos en común de los que suponemos.

    Me pregunto si tuviste oportunidad de ver El show de Michael J. Fox. De ser así, ¿qué opinión te merece el programa?

    De nuevo, gracias por tus palabras. Un saludo cordial.

  8. Maria: coincido con vos, creo que tenemos en común los padecimientos de los familiares de enfermos neurológicos. Me da la impresión que el Parkinson ataca al físico en primera instancia y luego al cerebro mientras que el Alzheimer va directo a la mente o al cerebro y finalmente ataca al cuerpo (tal vez estoy simplificando porque no conozco al Alzheimer en profundidad)
    En cuanto al Michael Fox, entiendo que cuando la EP ataca de joven, hay cierta chance de pelearla un poco. Creo que la serie refleja esa etapa. Cuando la EP avanza y los pacientes envejecen no hay nada que hacer (o al menos esa fue mi experiencia con mi mamá).
    Saludos y buen fin de semana.

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