Muerte al Alzheimer

“Muerte al mal de Alzheimer” murmuramos parientes y amigos de enfermos de esta demencia. Aún quienes suscribimos al quinto mandamiento, aún quieres repudiamos el accionar criminal y los homicidios por encargo, aún quienes exigimos la erradicación mundial de la pena capital.

La fantasía admite tres variantes. La reaccionaria apunta a una ejecución rápida producto de un juicio sumario, sin margen para la apelación. La variante mafiosa consiste en la contratación de algún asesino a sueldo que se encargue del asunto con absoluta discreción. La variante más acorde a nuestra cotidianeidad se aferra a la figura legal de la reacción en defensa propia.

Cualquiera sea el escenario, se trata de matar al olvido patológico para que deje de sabotear conductas, robar recuerdos, raptar almas, despojar cuerpos. La inoperancia de la ciencia y la medicina alimenta este delirio de reparación inspirado en cierto reclamo ciudadano contra la inseguridad (esa suerte de variable que los medios de comunicación visibilizan a partir del registro de delitos penales cometidos en un tiempo y espacio específicos).

“Muerte al mal de Alzheimer” corrige nuestra conciencia de antemano, cuando vislumbra la irrupción de ese otro deseo rara vez confesado: aquél que, a modo de plegaria, invoca a la Parca para que se lleve, ya no la enfermedad, sino al enfermo.

En este caso, la muerte deja de ser una aliada punitiva para convertirse en una aliada liberadora. Su aparición le pone fin a una sobrevida signada por la discapacidad y el sufrimiento. También a una despedida forzada hace tiempo iniciada, perversamente dosificada, dolorosa para quienes combatimos y/o resistimos desde la frágil cordura.

La consigna “Muerte al mal de Alzheimer” asomará cada tanto en nuestra garganta mientras el olvido patológico siga pavoneándose como flagelo planetario incurable. Tengan piedad quienes desconocen esta pesadilla: lejos del grito de guerra que parece violentar el quinto mandamiento, la consigna sotto voce es apenas una expresión de desahogo en medio de la desesperación.

———————————————————————————————
Posts relacionados
 
El enojo de los sanos
 El derecho a la muerte digna, y el ejercicio (más humano) de la medicina
 Cuidados paliativos, un derecho que prioriza la calidad de vida
 Entre la sobrevida y la dignidad
 Reflexiones varias

3 pensamientos en “Muerte al Alzheimer

  1. Que bien nos dice María, lástima que es una utopía por ahora, tengo mucha confianza en la ciencia y entonces cuando llegue el día, le habremos ganado a la muerte prematura. Muy Atte. Félix

    P/D: Tuve una cuñada con este mal, diez años, me enseñó mucho.-

  2. Los sentimientos encontrados que produce esta enfermedad creo que son compartidos con otras patologías que también generan gran discapacidad. Ese deseo “rara vez confesado” es más a menudo llevado a la práctica, solapadamente, por las instituciones, y a veces por familiares directos. Basta recordar el film “Amour” para llegar a entender el 0,01 % de lo que vive un familiar. No hay juez en el mundo capacitado para dar sentencia en estos casos, y menos para “tener piedad por desconocimiento de esta pesadilla”, como bien decís María. Para mí, es un nudo en la garganta y en el corazón que me acompañará el resto de mi vida.

  3. Hola buenos días,

    Lo primero felicitarles por la labor que desempeñan por este tema tan delicado y que nos afectan a todos.

    Nos gustaría dar a conocer la nueva guía Memobook para personas con problemas de memoria que ha tenido un impacto muy positivo, para más información acuda a http://www.memobook.es.

    Muchas gracias

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s