La vida de un enfermo de Alzheimer, poca cosa para un fiscal estadounidense

La desorientación espacial puede costarle caro a un enfermo de Alzheimer.

La desorientación espacial puede costarle caro a un enfermo de Alzheimer.

Al poco tiempo de haber fallecido mi padre, varios vecinos se acercaron a mi madre o a mí para preguntarnos qué le había sucedido. Al término de nuestras síntesis, algunos recordaron haberlo visto deambular por el barrio y más de uno dijo haberlo acompañado hasta nuestro domicilio. Por algún motivo, recién entonces nos enteramos de esos episodios o, en otras palabras, nadie nos advirtió en su momento. Tampoco el propio Don Luis, siempre atento -mientras pudo- a minimizar/disimular los indicios de su Alzheimer.

A papá le gustaba levantarse temprano y salir a comprar el pan, “alguna facturita” y lo que mamá necesitara con carácter urgente para preparar el almuerzo y cena de cada día. Estábamos acostumbradas a que demorara en regresar porque siempre se quedaba charlando un rato con “las chicas de la panadería” y con los vecinos que cruzaba en la calle. Acaso por eso no nos dimos cuenta cuando empezó a tardar porque se perdía.

Tiempo atrás, una vecina nos contó cuánto la impresionó verlo empecinado en encontrar su casa en la vereda equivocada. Al parecer, a Don Bertoni le costó mucho entender que su edificio estaba ubicado en la cuadra siguiente.

Recordé todo esto después de conocer la decisión de la Justicia de Georgia, Estados Unidos, de no presentar cargos contra un hombre que mató a un enfermo de Alzheimer porque lo confundió con un asaltante. La noticia fue difundida entre fines de febrero y principios de marzo por el Huffington Post, el New York Times y el británico Daily Mail: los periódicos informaron que Joe Hendrix de 35 años disparó cuatro balazos contra Ronald Westbrook de 72, cuando lo sorprendió intentando ingresar a su casa (la de Hendrix) la madrugada del 27 de noviembre pasado.

Westbrook estaba acompañado por sus dos perros y llevaba en las manos unos papeles y una linterna apagada, que Hendrix declaró haber confundido con un arma. Por eso, y porque el hombre mayor siguió avanzando de “manera rápida y agresiva” a pesar de los gritos de advertencia, el dueño de casa disparó.

Horas antes, un agente de policía le había preguntado a Westbrook qué andaba haciendo por ahí. Según declaró el oficial, el sospechoso le contestó que estaba yendo a retirar el correo. Como había unos buzones cerca, el uniformado le creyó y lo dejó seguir su rumbo.

La viuda del enfermo lamentó la decisión del fiscal Herbert Buzz Franklin. “Hubiera querido que la Justicia presentara el caso ante un jurado pero me dijeron que no hay suficiente evidencia para eso”, sostuvo ante la agencia de noticias Associated Press.

En marzo de 2013, Dakota del Sur se convirtió en el primer estado norteamericano en autorizar de manera explícita la portación de armas por parte de empleados de escuelas, entre ellos maestros. Por antecedentes como éste, dista de sorprenderme la falta de mérito que el fiscal georgiano declaró semanas atrás.

En cambio, nunca imaginé que el Alzheimer terminaría dándome otro motivo para oponerme al principio de “justicia por mano propia” que, en nombre de la defensa personal, excusa el asesinato por error. Como Westbrook, mi papá también se desorientó y buscó su casa en el lugar equivocado. Sin el socorro de los vecinos, tal vez habría creído encontrarla y habría querido entrar. Seguro, habría reaccionado de manera agresiva si se hubiera topado con un extraño, encima armado.

Si este extraño -el verdadero dueño de casa- hubiera actuado como Hendrix, también habría matado a mi padre. Aún con sus muchas limitaciones a cuestas, la Justicia argentina lo habría imputado al menos por homicidio culposo.

Ronald Westbrook, víctima del Alzheimer… y del gatillo fácil.

El fiscal Franklin, en cambio, entendió que la de Westbrook fue una “muerte trágica”, obra del destino o la fatalidad. Como si no le cupiera ninguna responsabilidad al policía que interrogó a Westbrook, como si los ¡cuatro! disparos hubieran sido accionados de manera accidental, como si no existiera otra manera de reaccionar ante una persona mayor empecinada en que le abran una puerta y lo dejen entrar.

¿La vida de un enfermo de Alzheimer valdrá tan poco que, ante una muerte violenta como la que se llevó a Westbrook, un fiscal se permite desestimar el derecho a juicio que les asiste a los seres queridos de todo ciudadano asesinado? ¿Acaso no existe una flagrante contradicción entre esta resolución institucional y la consigna comunicacional de combatir la despersonalización, estigmatización y exclusión social de las víctimas de demencia?

En noviembre de 2012, el Primer Ministro David Cameron anunció en Inglaterra el lanzamiento de Dementia Friends, programa que pretende capacitar a la población para que sepa reconocer, contener, acompañar a un enfermo de Alzheimer cuando éste se desorienta en la vía pública. Acaso el Gobierno o alguna ONG de los Estados Unidos deba pensar en una iniciativa similar para evitar que los norteamericanos víctimas del olvido patológico también lo sean del gatillo fácil policial o ciudadano.

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6 pensamientos en “La vida de un enfermo de Alzheimer, poca cosa para un fiscal estadounidense

  1. Algo parecido le ocurrió una vez a mi padre, María. Saltó a la casa de un vecino a través de la medianera, y no sé cómo, el perro no lo atacó. Mi madre corrió rápido a retirarlo, pues los vecinos lo conocieron y lo hicieron pasar.

    Otra vez saltó la verja del jardín y empezó a deambular por la calle. Ya no me acuerdo quién lo trajo, pero le avisamos a la policía y le pedimos por favor que, si se resistía a ser llevado, no lo golpearan.

    Cuando mi madre comenzó con signos de deterioro cognitivo, y todavía vivía sola, fuí a la casa de todos los vecinos y a los comercios cercanos, a repartir mi número de celular.

    En el caso de los barrios “de antes”, todavía los vecinos llegan a conocerse (aunque cada vez menos). En las ciudades es más peligroso. La campaña que hizo Inglaterra tendría que ser mundial, teniendo en cuenta que cada vez, más gente vivirá sola….

  2. Estoy de acuerdo con vos, Stella. En las sociedades donde los vínculos solidarios escasean porque se imponen la soledad y/o el miedo a la inseguridad (esto sucede sobre todo en las ciudades grandes), parece necesario que todos los Estados capaciten a sus ciudadanos a tono con la propuesta de Dementia Friends.

    Mientras escribía este post, me di cuenta de que debería buscar algún balance del programa británico. Calculo que, a casi dos años de lanzado, podemos saber cuán exitoso resultó.

    Me comprometo entonces a buscar/traducir esa información.

    Un abrazo.

  3. Bienvenido a MaldeAlzheimer, Sergio. Gracias por el link,

    Creo que la crisis de la salud pública es mundial, o al menos occidental. Por otra parte, creo que las características de esta crisis son distintas en países cuya historia también difiere.

    Retomando los casos que mencionás… Mientras España asiste a la desintegración del Estado de Bienestar que alguna vez supo conseguir, Estados Unidos sigue aferrado a la creencia de que la salud es un negocio más (de ahí que el gobierno de Obama fracase sistemáticamente a la hora de negociar la aprobación de su proyecto de cobertura mínima gratuita para toda la población) y la Argentina apenas obtiene algunas mejoras tras décadas de vaciamiento del servicio público de salud a favor de intereses privados que, en contra de sus promesas, tampoco se destacan por brindar un servicio de calidad.

    Sin dudas, los ciudadanos de a pie pagamos el pato en los tres países, no sé si por igual pero estoy segura de que con un mismo sentimiento de impotencia y orfandad.

    Saludos.

  4. Siempre dije que Pami funciona como un ente eutanásico. Quien quiera superar la escasa posibilidad de sobrevida que le ofrece el sistema, tiene que recurrir a atención privada. Lo ví con mi padre y con mi madre.

    Recomiento la lectura de la nota “La vejez, nuevo problema mundial”, publicada en “Le monde diplomatique” en el ejemplar de junio de 2013. Tengo el material impreso, habría que ver si en http://www.eldiplo.org se encuentra la versión digital.

    Lo que no me explico, para tener coherencia con el sistema, es que no se le permita a la gente el uso de la eutanasia consentida, siempre y cuando se tenga pleno uso de las facultades mentales. Hay países -Suiza, Bélgica- que tienen clínicas alusivas.

    Si nadie quiere el cambio de una realidad colectiva, por lo menos que permitan entonces el uso alternativo de una solución individual.

    Un beso
    STella

  5. Coincido con Stella: Pami aplica una eutanasia pasiva, con turnos a 90 días para enfermedades graves, burocracia, atención en clínicas lamentables.

    Pero en los casos de enfermedades neurologicas catastroficas el sistema médico privado es incoherente (también coincido con Stella): mantiene con vida a los enfermos a cualquier costo.

    Para la propias prepagas es mal negocio (tienen que dar prestaciones ridiculamente caras a pacientes que no tienen ninguna posibilidad de mejorar) y para los familiares es un desastre porque en muchos casos, como he leído, tienen que dejar de trabajar para dedicarse a atender al enfermo o bien gastar muchisimo dinero en contratar cuidadores full time.

    Ojala que cuando nosotros seamos viejos (yo tengo 48) se pueda avanzar con la eutanasia sin tantos tabúes.

    Saludos a todos

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