En nombre del imperativo preventivo, la tentación del pronóstico apresurado

– Yo le sugiero que consulte cuanto antes con un neurólogo. Es probable que la depresión de su madre sea el inicio de un proceso demencial.
– ¿Qué le hace pensar eso, doctora?
– Los temblores que le observo a veces y la edad.
– ¿Los temblores no pueden ser producto de las crisis de ansiedad que vienen asociadas a la depresión? ¿O un efecto colateral de la medicación psiquiátrica?
– …
– ¿Usted nota que mi madre presente alteraciones de la palabra, de la memoria, de la orientación?
– No.
– Mi madre se atiende con usted, con una psicóloga, con un clínico. ¿No convendría entonces que intentara salir a la calle para distraerse antes que para visitar a un cuarto médico?
– Insisto en la consulta neurológica. Ya se lo dije a su madre.
– ¿Usted sabe que mi madre asistió durante años a mi padre, enfermo de Alzheimer?
– No.
– ¿Usted imagina el efecto que las palabras ‘demencial’ y ‘neurólogo’ pueden provocarle a mi madre, justo en este contexto de depresión?
– Nadie está diciendo que ella vaya a tener Alzheimer.
– El ‘inicio de un proceso demencial’ no es un pronóstico muy alentador, aún cuando anuncie otro tipo de demencia.
– Llévela a un neurólogo para descartar que esta depresión sea la antesala de otra cosa.

Cuidado con los diagnósticos apresurados.

Este tramo de la conversación que mantuve con la primera psiquiatra de mi madre fue clave a la hora de sugerir -o más bien decidir- la interconsulta con otro profesional. Aunque con muchas dudas a cuestas (¿es posible que, efectivamente, el temblor fuera un indicio atendible?; ¿acaso estábamos asistiendo a una primera etapa asintomática?; ¿qué perdíamos con visitar a un neurólogo?), preferí hacerle caso a mi intuición, es decir, a la sospecha de que el pronóstico sobre un supuesto proceso demencial era al menos apresurado.

Tomé con pinzas el consejo médico por cuatro razones principales. La primera: el temblor de mi madre sólo aparecía con las crisis de ansiedad, que eran muy fuertes. La segunda: en ningún momento, ni la amiga que la acogió en su casa ni yo que la veo o hablo con ella a diario notamos alteraciones de la palabra, de la orientación, de la memoria. La tercera: la propia psiquiatra reconoció no haber observado desarreglos de ese tipo.

La cuarta razón, acaso la más contundente… Antes de mi encuentro con la psiquiatra, mi madre me había contado que efectivamente la terapeuta le había recomendado pedir turno con un neurólogo y que ella (mi madre) le había respondido que no se sentía en condiciones de hacerlo, justamente porque esa consulta la retrotraía a la experiencia con mi padre enfermo. O bien la psiquiatra olvidó ese intercambio de palabras o bien prefirió callarlo. En otras palabras, o bien no le prestó suficiente atención a su paciente; o bien temió que la respuesta sincera a mi pregunta revelara cierta insensibilidad de su parte.

Con mis dudas a cuestas, accedí a proponerle a mi madre una visita al neurólogo. Pero desistí enseguida cuando reparé en su mirada angustiada, cuando escuché su “por favor ahora no”. Sugerí entonces la interconsulta con otro psiquiatra.

Hace tres semanas que este segundo profesional está sacándola a flote. La depresión retrocede de a poco y, también de a poco, mi madre recupera su estabilidad emocional, sus ganas de leer, de charlar, de retomar una vida saludable e independiente. Una nueva medicación psiquiátrica la ayuda en este sentido, sin por eso afectar su memoria, su orientación, su elocuencia discursiva.

En nombre del mandato preventivo, algunos médicos sucumben fácilmente a la tentación del pronóstico temprano. El daño causado puede ser tan grande como aquél que provocan los diagnósticos acertados pero tardíos. Por eso los familiares sanos debemos escuchar con la mayor lucidez posible los fundamentos en los que se basa el doctor o doctora de turno para anunciar la eventual demencia de nuestro ser querido.

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6 pensamientos en “En nombre del imperativo preventivo, la tentación del pronóstico apresurado

  1. Es algo con lo que peleo diariamente. Los médicos están demasiado acostumbrados a solicitar consultas con otros especialistas y en la mayoría de los casos es porque ellos no “tratan” de solucionar o al menos paliar situaciones que se van presentando. Si al menos entendiesen que uno trata de limitar las intercosultas por el bienestar del familiar enfermo todo sería más simple.

    Clínico de cabecera, psiquiatra, ginecólogo, especialista en infecciones urinarias, cardiólogo y si sigo pensando seguro que me olvido de alguna otra especialidad.

    Ante dudas, las consultas las tendrían que hacer ellos con otros colegas y no hacer deambular a los pacientes porque ese deambular los atrasa mucho.

    Por suerte María tu mamá está puede estar muy bien cuidada bajo tu mirada atenta y especializada.

  2. He atravesado el cuidado de mi suegra, de mi madre y de mi padre. Y en general los médicos tratantes no les preguntaron, simple y sencillamente, cómo estaban ni cómo se sentían. Decidían por ellos, en las terapéuticas a seguir, cuestión con la que debimos luchar, porque eramos los únicos que estábamos en condiciones de decidir y aceptar tal o cual camino, de acuerdo a las características de cada uno de nuestros padrxs. Quiero mencionar al Dr. Haffar y al Dr. Heredia, quienes siempre los trataron como pacientes/personas, mirando a los ojos y escuchando aquello que tenían que expresar.
    Es así…cuando nos toca el rol de cuidar a los que nos cuidaron, es la intuición y la reflexión la que nos marca el mejor camino.

  3. Diana, Adriana, muchas gracias por sus comentarios. Lamentablemente algunos médicos parecen olvidar la condición humana de sus pacientes: por eso acostumbran a ver la enfermedad antes que al enfermo.

    Cuando es desacertada, la apuesta a la detección temprana resulta perjudicial por partida doble. Como bien señalás, Diana, somete al paciente (y a quien lo acompaña) a un derrotero de interconsultas muchas veces contraproducentes. La cosa se agrava cuando el (o los) médico(s) medica(n) en función de su presunción y embarra(n) todavía más la cancha.

    Cuesta mantenerse lúcido cuando uno también tiene sus miedos. Apenas escuché la expresión “inicio de proceso demencial”, sentí que la psiquiatra me empujaba al borde de un abismo. Recordé esas pesadillas recurrentes que reconocemos cuando empezamos a soñarlas, pero que no podemos interrumpir ni cambiar.

    Por suerte después pensé de manera pragmática y pedí datos que fundamentaran el pronóstico. La ausencia de una respuesta concreta o sustanciosa fue reveladora.

    Creo que tenemos que estar muy atentos al discurso médico, ser reflexivos y a la vez intuitivos como bien decís, Adriana. Por eso es importante estar medianamente informados.

    Un abrazo para ambas.

  4. María: me alegra mucho leer que tu madre está mejorando. Y lamento tanto que otra vez estés lidiando con las “interconsultas”. Que suerte que esta vez funcionó! Que siga todo bien!!!

  5. Coincido con los comentarios anteriores. No hay conocimiento de las Demencias en los Profesionales generales, salvo en algunos Especializados y que tengan buena voluntad de atenderlas.
    La información es la mejor manera de enfrentarlos: saber realizar las preguntas indicadas, contestando y entendiendo correctamente lo que se nos pregunta, con buenas observaciones. Y eso a veces les molesta. Ana

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