Encuestas en torno al Alzheimer. Recomendaciones para leerlas mejor

A las encuestas médicas también hay que leerlas con los ojos bien abiertos.

A las encuestas médicas también hay que leerlas con los ojos bien abiertos.

El divulgador científico Adrián Paenza publicó hoy en el diario Página/12 esta interesante nota sobre las encuestas, concretamente sobre los requisitos necesarios para alcanzar la mayor precisión posible. Aunque el artículo hace hincapié en el uso de esta herramienta por parte de los políticos interesados en sondear al electorado, algunos de sus pasajes resultan interesantes para quienes leemos resultados de encuestas relacionadas con las demencias en general y con el Alzheimer en particular. A continuación, figura una transcripción de las observaciones que ayudan a consumir este tipo de información de manera (más) lúcida.

Consideraciones preliminares
Las encuestas responden a la necesidad de diseñar un método capaz de consultar un grupo reducidísimo de personas y de convertir los resultados obtenidos en porcentajes reveladores en términos de población entera.

La matemática permite inferir, por ejemplo, qué pensamos cuarenta millones de argentinos con sólo encuestar a dos mil. Eso sí, resulta imprescindible que la metodología sea lo más rigurosa posible… La respuesta nunca será perfecta pero sí puede ser muy aproximada. Cuando esto sucede, incluye el margen de error calculado con respecto a la respuesta real (es decir, a los resultados obtenidos si se hubiera consultado -uno por uno- a los cuarenta millones de argentinos).

La importancia del azar
No sirve cualquier grupo de dos mil personas. Una condición sine qua non es la elección al azar de los encuestados. Se trata de un tema nada menor pues, de hecho, existen múltiples ejemplos de desviaciones brutales que se produjeron porque las muestras incumplieron con esta regla básica.

La expresión al azar lleva bastardilla porque ni siquiera las computadoras son capaces de generar números realmente al azar. Como toda computadora ejecuta un programa para hacerlo, basta con descubrir el programa en cuestión y cómo genera los números para anticiparlos. Por eso a estos números se los identifica como de seudo-azar.

Aquí, un ejemplo de selección al azar.

1100, una cifra conveniente
En la mayoría de los casos, una muestra de 1100 personas ofrece un retrato bastante fino del universo total. Se estima un margen de error de más/menos tres por ciento del valor real.

La cantidad de la muestra no varía en función de la cantidad total. De hecho, una muestra de 1100 individuos es tan válida para un universo total de cuarenta millones de argentinos como para universos totales más grandes (por ejemplo los ochenta millones de alemanes e incluso los 1354 millones de chinos) y para universos totales más chicos (por ejemplo los once millones de cubanos y los tres millones de uruguayos).

En ese sentido no importa la cantidad total. Con 1100 personas elegidas al azar, el valor obtenido será una aproximación en más/menos tres por ciento al valor obtenido en una encuesta hecha a cada integrante del universo total.

A mayor cantidad de personas que integran la muestra, menor es el margen de error. Dicho esto, a partir de cierto punto, la envergadura de la muestra deja de reducir sustancialmente el margen de error. [Tabla extraída del artículo de Paenza]

El margen de error
En principio el margen de error mide la tolerancia aceptable entre el valor real (que arrojaría una encuesta al universo total) y el valor obtenido a través de la encuesta a los integrantes de una muestra. Supongamos por ejemplo que una encuesta sobre legalización de la marihuana para uso personal arroja que un 75 por ciento de los de 1100 encuestados está a favor y un 25 por ciento en contra. Como el margen de error es de más/menos tres por ciento, suele pensarse que el primer resultado oscila entre un 72 por ciento y 78 por ciento y el segundo entre un 22 y un 28 por ciento.

Esto es correcto en principio, pero con un asterisco mayor. Atención porque esta aclaración rara vez figura en los artículos que difunden los resultados de encuestas: el margen de error aparece en el 95 por ciento de los casos.

Los medios de comunicación tienden a ignorar o a minimizar este hecho que requiere ser descripto al menos una vez. Uno está más o menos tranquilo de que los resultados van a estar bien, porque la encuesta “va a arrojar lo que debe arrojar” en 95 de cien casos, pero es bueno tener presente que es posible que esto no suceda en cinco casos de esos cien.

Si bien es cierto que -a mayor cantidad de personas encuestadas- menor el margen error, también es cierta la existencia de un punto de casi de saturación a partir del cual el tamaño de la muestra deja de reducir sustancialmente el margen de error. Esto vuelve a probar la conveniencia de la cifra 1100.

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PD. Por si hiciera falta, cabe aclarar que el artículo de Paenza dista de agotar la problemática en torno a las encuestas. Ésta es apenas una síntesis que refuerza la idea de tomar con pinzas los resultados de sondeos que los medios difunden cuando informan en general y sobre el Alzheimer en particular.

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