Still Alice, o el Alzheimer precoz en primera persona

Julianne Moore encarna a la profesora Alice Howland. La foto corresponde a la charla que el personaje ofrece en una sede de la Alzheimer's Association.

Julianne Moore encarna a la profesora Alice Howland. La foto corresponde a la charla que el personaje ofrece en una sede de la Alzheimer’s Association.

Buen día. Es un honor estar aquí.

La poetisa Elizabeth Bishoponce escribió: ‘no es difícil dominar el arte de perder: tantas cosas parecen destinadas a perderse que la pérdida de estas cosas no constituye un desastre’. 

Yo no escribo poesía. Yo soy una persona con Alzheimer precoz, y como tal estoy aprendiendo el arte de perder a diario. Pierdo mi capacidad de orientación, pierdo objetos, pierdo el sueño… Sobre todo pierdo recuerdos.

Acumulé recuerdos toda mi vida. De alguna manera se convirtieron en mis tesoros más preciados. La noche en que conocí a mi esposo, la primera vez que tuve un libro de mi autoría en mis manos, el nacimiento de mis hijos, el primer encuentro con mis amigos, mis viajes por el mundo…

Todo lo que junté en la vida, todo por lo cual trabajé tanto, todo eso está siendo arrebatado. Como imaginan o como saben, esto es un infierno. Un infierno que empeora.

¿Quién puede tomarnos en serio cuando estamos tan lejos de lo que alguna vez fuimos? Nuestras conductas extrañas, nuestras frases confusas cambian la percepción que los otros tienen de nosotros. Nos transformamos en individuos ridículos, incapaces, cómicos. Pero no somos así; así es nuestra enfermedad.

Y toda enfermedad tiene su causa, su progresión y puede tener una cura. Mi mayor deseo es que mis hijos, nuestros hijos, las generaciones futuras, no deban enfrentar lo que estoy enfrentando yo.

Mientras tanto, sigo viva. Sé que estoy viva. Tengo gente que quiero profundamente. Tengo proyectos. Me enojo conmigo por olvidar cosas pero todavía vivo momentos de pura felicidad.

Por favor no piensen que estoy sufriendo. No estoy sufriendo. Estoy luchando… Luchando por seguir formando parte de cosas, por seguir conectada con quien fui alguna vez. Por eso me digo “Viví el momento”. De hecho es todo lo que puedo hacer: vivir el momento. Y no castigarme demasiado… No castigarme demasiado por dominar el arte de la pérdida.

Un recuerdo al que intentaré aferrarrme es el recuerdo de la charla que estoy dando hoy. Se irá, lo sé, quizás mañana mismo. Pero significa tanto estar hablando aquí, hoy, como solía hacerlo mi viejo yo, fascinado con la comunicación.

Gracias por esta oportunidad. Significa todo para mí. Gracias.

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Sin dudas, éste es uno de los parlamentos más emotivos de Still Alice, película donde Julianne Moore encarna a una académica especializada en neurolingüística de 50 años de edad, a la que le diagnostican un Alzheimer precoz galopante. Mientras escuchamos el discurso que la protagonista ofrece en una sede de la Alzheimer’s Association, quienes tuvimos/tenemos a un ser querido enfermo lo imaginamos en esa escena. También nos retrotraemos al instante real en el que nuestro abuelo, padre, pareja, tío, hermano, amigo dijo algo quizás menos elaborado que el discurso de la protagonista pero con una lucidez similar.

Acaso resulte más interesante leer el libro homónimo que inspiró la adaptación cinematográfica, pero el film de Richard Glatzer y Wash Westmoreland basta en términos de conscientización. En otras palabras, el largometraje podrá resultarles una síntesis excesiva a quienes leyeron la novela de Lisa Genova, pero lo cierto es que esta síntesis contribuye notablemente a la difusión de las características principales del olvido patológico en su versión temprana, con evidente impronta genética.

[Nota mental. Escribo ‘notablemente‘ mientras pienso en la cantidad de gente que verá la película porque se siente atraída por dos recientes distinciones acordadas a la actuación de Moore: un Golden Globe y la nominación a un premio Oscar.]

Siempre Alice (al parecer, el film se estrenará con este título en las salas argentinas el 19 de febrero) deja claro que las primeras manifestaciones del Alzheimer aparecen de manera errática, como si se tratara de cortocircuitos mentales ocasionales. También advierte sobre las idas y venidas de la enfermedad (es decir, sobre su progresión discontinua) y sobre la angustia que provoca el reconocimiento de desconexiones, primero de duración breve y baja incidencia, luego (cada vez) más frecuentes y sostenidas en el tiempo.

En sintonía con las recomendaciones que circulan en los países centrales, Still Alice señala la importancia del diagnóstico temprano. Por un lado, porque les ofrece al paciente y a su entorno la posibilidad de planificar la manera en que enfrentarán la enfermedad. Por otro lado, porque habilita el inicio de alguna terapia destinada a desacelerar el avance de la enfermedad (que conste: la película también sugiere que los fármacos sirven poco y nada).

El largometraje privilegia el punto de vista del enfermo por encima del punto de vista del entorno. De ahí que aborde apenas las dificultades de John Howland (personaje a cargo de Alec Baldwin) a la hora de aceptar -y convivir con- la enfermedad de su esposa. De ahí que se limite a insinuar la mayor o menor distancia que establecen los tres hijos de la protagonista.

Asimismo Glatzer y Westmoreland nos ahorran dos grandes disgustos en tanto y en cuanto evitan mostrar la degradación total del paciente, y aluden muy sucintamente a la sangría que los cuidados de una persona con Alzheimer provocan en la economía familiar. Por otra parte, también en sintonía con la postura de los países centrales, sugieren ayudar a los enfermos a prolongar -siempre en la medida de lo posible- su capacidad de autonomía para así combatir cierta tendencia social a estigmatizarlos.

En esta entrevista que le concedió días atrás al sitio de noticias NPR, Moore se presentó como “una de las pocas personas sin algún ser querido o conocido enfermo de Alzheimer”. Contó entonces que antes de filmar mantuvo entrevistas con pacientes y familiares para comprender a Alice e interpretarla de manera versátil. El trabajo de investigación rindió sus frutos pues la composición del personaje es tan acertada como conmovedora.

Ojalá Still Alice sensibilice a los espectadores ajenos a la problemática del olvido patológico, tanto como a quienes la padecemos/padecimos mientras cuidamos a nuestro abuelo, padre, pareja, tío, hermano, amigo enfermo. De ser así, habrá que apreciar todavía más el incentivo en materia de difusión que representan la distinción con un Golden Globe y un lugar destacado en la próxima entrega de los premios Oscar.

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5 pensamientos en “Still Alice, o el Alzheimer precoz en primera persona

  1. Pingback: Héroes dorados | Espectadores

  2. Hoy fui a ver la película.
    Excelente interpretación de Julianne Moore. El tema está muy bien tratado y hasta me encontré en uno de los hijos. Yo tampoco estoy de acuerdo en hacerme el análisis para ver si hay predisposición genética.

    En cada diálogo y escena encontré cosas que fui viviendo y aún vivo con mamá.

    Quien conoce de la enfermedad sabe que el film no pierde su rigor científico del principio al fin. Ësto me hace inferir una muy buena adaptación del libro escrito por una neuróloga y escritora

    No tiene golpes bajos. Es la realidad.

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