Alzheimer y peste negra

¿El Alzheimer será el precio que pagamos por haber superado la epidemia medieval de peste bubónica?

¿El Alzheimer será el precio que pagamos por haber superado la epidemia medieval de peste bubónica?

Aunque falta probar científicamente la relación causa-efecto, resultan sugestivas las altas tasas de Alzheimer registradas entre los descendientes de los pobladores europeos que mejor resistieron a la peste bubónica. La constatación invita a considerar una hipótesis a simple vista descabellada: el origen del olvido patológico podría remontarse al Medioevo en el viejo continente.

La escasez de información disponible en Internet alimenta la sospecha de que estamos ante otro intento de explicación sin asidero. Sin embargo, cuesta mirar hacia otro lado cuando quien señala la novedad no es el autor anónimo de un sitio web sin credenciales, sino una autoridad científica.

En este caso, se trata del director de la filial del Conicet en la Patagonia, a quien el diario Página/12 entrevistó semanas atrás. Muy al pasar, el bioantropólogo Rolando González-José se refirió a la posibilidad de que el Alzheimer sea “un subproducto de la resistencia a la peste negra que azotó a Europa en la Edad Media y arrasó con más de la tercera parte de su población”.

El investigador contó que los individuos menos vulnerables a la peste se reprodujeron más. Según la hipótesis en cuestión, el olvido patológico se habría originado en el genoma de estas personas con más defensas y más prolíficas; de ahí su trascendencia secular.

En octubre de 2011, Science Daily anunció que investigadores de las Universidades de McMaster y Tubingen consiguieron reconstruir el genoma completo de la peste negra o bubónica, y de esta manera identificaron una bacteria -la Yersinia pestis bacterium- que podría ayudar a entender mejor las “enfermedades infecciosas modernas” (categoría que claramente excluye al Alzheimer). En febrero de 2014, una de estos investigadores -la norteamericana Sharon DeWitte- publicó en la revista PLOS ONE los resultados de un estudio realizado a 464 esqueletos de personas muertas por peste negra durante los siglos XI y XII y a 133 esqueletos de personas fallecidas por la misma causa entre los siglos XIV y XVI.

En esa oportunidad, DeWitte contempló la posibilidad de que hubiera habido personas con una ADN más vulnerable -y otras con un ADN más resistente- a la bacteria de la peste bubónica. Los integrantes de esta segunda categoría sobrevivieron a la epidemia y le habrían legado a su descendencia genes más fuertes. Acaso González-José haya pensado en este trabajo cuando dijo lo que le dijo al periodista de Página/12.

En otras palabras, es posible que la epidemia de peste negra haya provocado una alteración en el genoma humano, sobre todo en los genes que intervienen en el sistema inmune. En ningún momento DeWitte menciona el Alzheimer, pero sus observaciones le dan sustento a la ocurrencia de situar el origen de la enfermedad del olvido en el proceso de reescritura genética que tuvo lugar en tiempos medievales.

Justo ayer la revista Nature publicó varios papers derivados de la confección de un mapa epigenómico financiado por los Institutos Nacionales de Salud de los Estados Unidos. Uno de ellos gira en torno a la relación entre Alzheimer y sistema inmunológico: según explica este especialista de la Universidad de Stanford, el olvido patológico presenta “un componente inmune muy fuerte que contribuye al proceso neurodegenerativo”, concretamente a las “mutaciones que afectan el funcionamiento de las regiones reguladoras de las células encargadas de eliminar las placas potencialmente nocivas para el cerebro”.

En su blog alojado en el diario español ABC, Pilar Quijada sintetizó la hipótesis en desarrollo con el título “La predisposición genética al Alzheimer tiene una base inmune”. Si esto es así, corresponde darles crédito a las declaraciones de González-José.

Para terminar, vale recordar la existencia de un viejo paper que Science Daily publicó en 2005, y que explicaba que un diez por ciento de los europeos era resistente al virus del sida gracias a una mutación genética (denominada CCR5-delta 32) que evita el ingreso del HIV en las células del sistema inmune. Según los autores de aquel trabajo, este cambio en el ADN habría sido provocado por las plagas del Medio Evo, en especial la viruela.

Otra vez, la relación entre Alzheimer y peste negra suena menos descabellada de lo que en principio parece. Será cuestión de seguir buscando información al respecto.

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