Entretelones económico-financieros del Alzheimer. Nuevo informe anual de la ADI

La ADI publicó el martes pasado su informe anual.

La ADI publicó el martes pasado su informe anual.

Este año, la Alzheimer’s Disease International montó un sitio aparte para presentar su nuevo informe anual, Impacto global de la demencia: un análisis sobre frecuencia, incidencia, costos y tendencias. Tal como adelanta el título del documento de casi noventa páginas, sus autores calcularon el dinero que demanda el cuidado de estos enfermos y cómo repercute la enfermedad según la riqueza o pobreza de los países.

La ADI ofrece la edición completa y una síntesis de su reporte 2015. Ambas versiones se encuentran disponibles solamente en inglés.

Así arranca el prefacio que lleva la firma del presidente de la institución británica, Glenn Rees, y el gerente general de la empresa de servicios médicos Bupa, Stuart Fletcher:

“Actualmente más de 46 millones de personas viven con demencia en el mundo. Se estima que esta cifra superior a la población de España ascenderá a 131.5 millones en 2050.

La demencia también provoca un gran impacto económico. Se calcula que el costo mundial de la enfermedad ronda los 818 mil millones de dólares en la actualidad, y alcanzará el millón de millones de dólares en 2018.

Si los cuidados en torno a la demencia conformaran un país, éste ocuparía el puesto 18 en el ranking de naciones con las economías más grandes. Y si conformaran una empresa, su valor accionario superaría al de Apple (742 mil millones de dólares), Google (368 mil millones) y Exxon (357 mil millones).

Aunque en algunos lugares del mundo el grado de conscientización es mayor, en otros el diagnóstico de demencia sigue provocando estigmatización y aislamiento. Hoy se estima que en los países de ingresos medios y bajos, el 94% de los enfermos es cuidado en alguna casa. En estas regiones, los servicios de salud suelen ser limitados o no ofrecen contención ni a estos pacientes ni a sus familias”.

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Dos miradas sobre la hipótesis amiloidea

El lunes pasado MedPage Today publicó (aquí) la opinión de dos médicos sobre la relación entre Alzheimer y placa amiloide. Sin recurrir al lenguaje pugilístico que The Wall Street Journal utilizó en junio pasado, el sitio estadounidense presentó a Rachelle Doody, directora del Centro Alzheimer en el Baylor College of Medicine, y a Karl Herrup, profesor en la Universidad de Ciencia y Tecnología de Hong Kong, como a voceros de “estrategias distintas” a la hora de buscar una terapia efectiva contra el olvido patológico. Para la primera, la clave está en la profundización de la hipótesis amiloidea; para el segundo es necesario mirar más allá, en busca de otros objetivos de investigación.

Pensando en los lectores interesados, este blog tradujo las intervenciones, ambas filmadas. La de Doody dura un minuto y trece segundos; la de Herrup, dos minutos y seis segundos.

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Lógica irrefutable

Aristoteles

Tengamos en cuenta las enseñanzas de Aristóteles antes de leer las noticias sobre Alzheimer.

Mirar mucha televisión alentaría el avance de la enfermedad; dormir de costado ayudaría a prevenirla. Éstos son dos ejemplos recientes de hipótesis científicas que los medios masivos insisten en difundir desde que descubrieron en el Alzheimer una buena carnada para pescar lectores y, mejor todavía, anunciantes con ganas de pautar publicidad.

Probablemente porque son burdos, estos titulares indignan más que aquéllos inspirados en gacetillas de prensa más sesudas, que los grandes laboratorios redactan -o mandan a redactar- para promocionar sus productos. Sin embargo, estamos ante dos variantes de un mismo fenómeno comunicacional que consiste en tomar una hipótesis con más o menos asidero, con más o menos chances de prosperar, y ascenderla automáticamente a la categoría de “hallazgo clave”.

Los especialistas realmente serios advierten una y otra vez que la ciencia todavía no puede explicar el Alzheimer. Entre ellos, algunos señalan la existencia de baches enormes en el camino hacia el conocimiento revelador, y otros se atreven a recomendar un cambio de rumbo en la investigación.

La mayoría de los familiares de Alzheimer somos legos en la materia o, dicho de otra manera, no somos profesionales de la salud. Pero la experiencia nos ha enseñado mucho. Por este aprendizaje entendemos que ni la alta exposición catódica ni la postura elegida para dormir ni el hábito de rezar pueden dar cuenta del ensañamiento de la enfermedad con nuestro padre, suegro, abuelo, esposo, tío, hermano.

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Solanezumab, otra estrella fugaz

El sueño de la droga capaz de atacar directamente al Alzheimer, no sólo sus síntomas.

Cuesta poco imaginar el éxito comercial que provocaría una droga anti-Alzheimer realmente contundente, es decir, capaz de atacar la enfermedad ‘per se’, no sólo los síntomas.

El lunes pasado, mientras la prensa anglosajona seguía haciéndose eco de la ya finalizada conferencia que la Alzheimer’s Association organizó en Washington, el médico Francis Perry Wilson cuestionó la buena nueva que suponen los hallazgos de Eli Lilly sobre su droga solanezumab. Este médico e investigador de la Universidad de Yale recurrió a Medpage Today y a su propio blog para cuestionar las observaciones y conclusiones que investigadores del mencionado laboratorio publicaron en la edición de junio de Alzheimer’s and Dementia, diario de la misma institución que organizó el encuentro internacional en la capital de Estados Unidos.

Antes de seguir, corresponde traducir las dos grandes consignas que este nefrólogo eligió para definir su actividad blogger: “Una mirada escéptica, pero no cínica, sobre las noticias médicas de hoy” y “Mi misión es hacer que las bioestadísticas sean -digamos un 2%- menos aburridas”.

Tanto en el post que escribió para su espacio The Methods Man como en el video que grabó para Medpage Today, Wilson desmiente los titulares periodísticos que sugieren que la solanezumab consigue lo que ninguna otra droga: atacar el Alzheimer directamente, no sólo sus síntomas. En apenas cinco párrafos, el médico explica de qué manera los investigadores de Eli Lilly realizaron dos grandes ensayos en pacientes con Alzheimer incipiente y en pacientes con Alzheimer moderado.

De manera todavía más sintética, podría decirse que los científicos fueron alterando levemente las variables de la segunda prueba en función de los resultados obtenidos en la primera. Estos -ligerísimos- retoques contribuyeron al alumbramiento del paper publicado en el diario de la Alzheimer’s Association y a la fabricación de la buena nueva anunciada en la AAIC 2015 y a los medios: el anti-betaamiloide estaría en condiciones de desalentar un 34% el avance del olvido patológico, eso sí, no en todos los pacientes sino en aquéllos que transitan la fase temprana de la enfermedad.

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