¡Dominio recuperado!

“¡Recuperamos el dominio propio y argentinooo!” Así, con una exclamación de alegría que prolonga el sonido de la letra final, comparto la buena nueva con los lectores que recuerden, en el marco del noveno aniversario del blog, el anuncio de la pérdida de la dirección original (www.maldealzheimer.com.ar) a manos de un compatriota desconocido con intenciones miserables. De hecho, el sujeto en cuestión terminó pidiéndome dinero a cambio de la devolución del dominio, cosa que sonaba más a exigencia de pago por un rescate que a negociación. Por eso mismo me negué a buscar un ‘acuerdo económico’.

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La captura de la factura que ilustra este post prueba el pago legítimo a Nic Argentina por un dominio que siempre consideré exclusivo de MaldeAlzheimer, pues este blog nació -y se hospedó durante sus primeros cinco años de vida- en esa dirección virtual. Si bien hoy se encuentra inhabitada -o dicho de manera más precisa, remite a una página en blanco- esta URL (como se dice en la jerga) vuelve a ser de nuestra propiedad: podemos volver a mudarnos cuando queramos.

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Diez años

Hoy MaldeAlzheimer cumple su primera década de vida online.

En marzo de 2005 mi papá todavía vivía… En realidad languidecía en el primer geriátrico donde lo habíamos internado. Antes, había pasado unos meses -acaso un año entero- en un segundo hogar donde los médicos lo habían derivado porque consideraban que el nuevo establecimiento estaba mejor preparado para contener a pacientes agresivos. Regresó -o, mejor dicho, lo regresamos- al lugar original luego de que la misma enfermedad lo hubiera apaciguado… y terminado de reducir a una existencia inerte.

A Don Luis le diagnosticaron Alzheimer en 2001 pero los síntomas de olvido patológico habían aparecido tres o cuatro años antes. Con mi madre evitamos la institucionalización mientras pudimos, es decir, hasta que la enfermedad empezó a atentar contra la integridad física y psíquica del entorno sano.

Para marzo de 2005, las internaciones por guardia se habían hecho casi-casi rutinarias. Ante cada obstrucción de la sonda nasogástrica, ante cada amague de bronquitis y/o ante el más mínimo indicio de cortocircuito farmacológico, el personal del geriátrico llamaba, primero, al servicio de emergencias de nuestra prepaga, luego a nosotras. Una vez tuvimos que correr detrás de una ambulancia que se llevaba a mi padre sin esperar al familiar con derecho a (y la obligación de) acompañarlo.

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Memoria 2014

Antes de que llegue 2015, una síntesis de los contenidos publicados durante el año saliente.

Un repaso de los contenidos que MaldeAlzheimer publicó en 2014 sugiere que éste fue un año bisagra en términos de lucha contra el Alzheimer. Me refiero a la articulación de dos fenómenos en principio contrapuestos: la persistencia de una suerte de remanente de lo que venimos leyendo/escuchando hace tiempo y la aparición de indicios de cambio que algunos miramos con esperanza y otros con recelo.

Las noticias provenientes de la investigación científica y de la industria farmacéutica ilustran esta convivencia entre lo viejo y lo nuevo. De hecho, mientras un sector sigue buscando ‘la’ causa de la enfermedad e insiste en la hipótesis amilóidea, otro prefiere prestarle más atención al bosque que al árbol: de ahí la decisión de estudiar todo el cuerpo del enfermo (no sólo la cabeza) y la ocurrencia de alejar un poco la lupa del olvido patológico para que el área de cobertura de la lente también incluya otros tipos de demencia.

Este blog prefiere ir a contramano del exitismo.

Este blog prefiere ir a contramano del exitismo mediático.

Esta segunda aproximación contempla la posibilidad de que sean varios los agentes que provocan el Alzheimer. Desde esta perspectiva, se sugiere que queda mucho por investigar, y al mismo tiempo se les pone un paño frío a los anuncios exitistas que la prensa suele explotar.

A propósito de la prensa, 2014 ha sido un año rico en ejemplos que recuerdan la importancia de ejercitar la lectura crítica para así distinguir entre la capacidad conscientizadora de los medios de comunicación (también de las figuras públicas) y cierta capacidad difusora al servicio de intereses económicos (universidades, laboratorios, asociaciones, Estados, particulares).

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Tanta indignación

La charlatanería en torno al Alzheimer, fuente inagotable de indignación.

La charlatanería en torno al Alzheimer, fuente inagotable de indignación.

Semanas atrás mantuve un interesante conversación online con el amigo TJ, que desde España lleva adelante la titánica tarea de administrar el blog Alzheimer Universal y una, dos, tres páginas en Facebook. Entre otras cuestiones, nos preguntamos -e intentamos contestar- en qué medida estamos contribuyendo a informar, concientizar, contener a las personas que tienen un ser querido con Alzheimer.

La gran diferencia entre TJ y yo es que él sigue cuidando a su madre enferma mientras mi padre falleció hace más de nueve años. En parte por eso nos paramos distinto frente a la enorme cantidad de contenidos disponibles en Internet: él los lee con la esperanza de encontrar anuncios de avances concretos, palpables, capaces de rescatar a su mamá y demás enfermos del calvario que padecen; yo los leo con menos carga emotiva, no porque no desee que la ciencia encuentre la cura o una estrategia de prevención efectiva contra el olvido patológico, sino porque mi papá dejó de sufrir hace tiempo.

En otras palabras, si don Luis siguiera enfermo, tal vez yo también recorrería las redes sociales y los medios tradicionales con cierta ansiedad, por lo tanto con más expectativas y menos sentido crítico. Acaso haya que atribuirle a cierto instinto de supervivencia la conducta generalizada de esperar, buscar, apostar, creer, confiar, tener fe con miras a hacer más llevaderas las situaciones críticas que nos toca enfrentar.

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