Conferencia sobre Alzheimer en Boston. Entre la sensación de ‘déjà vu’ y la sorpresa ante la importancia acordada al fenómeno de autopercepción

Entre el 12 y el 18 de julio, la casa de gobierno del Estado de Massachusetts vistió la bandera de la AAIC 2013.

Ayer jueves finalizó la AAIC 2013, conferencia internacional que la Alzheimer’s Association organizó en Boston, Estados Unidos, y que el periodismo norteamericano cubrió con varios artículos que reproducen parte de las gacetillas elaboradas por los agentes de prensa del evento. A simple vista, los contenidos resultan poco reveladores para quienes convivimos con el olvido patológico y además estamos atentos a las notas que los medios suelen dedicarle. Por ejemplo, la advertencia sobre la falibilidad de los tests online difícilmente sorprenda a quienes leyeron alguna crítica a estas herramientas (el año pasado MaldeAzheimer se despachó a gusto contra una versión elaborada en España). Por otra parte, provoca cierta desconfianza la apuesta a la postergación de la edad jubilatoria como estrategia para prevenir el avance de la enfermedad (el anuncio suena más bien subsidiario de la preocupación occidental por las consecuencias económicas del envejecimiento de la población y la simultánea disminución de su franja activa).

Quienes no sabemos/podemos apreciar la pertinencia y trascendencia de las exposiciones estrictamente científicas y clínicas (es decir, de las ponencias técnicas que superan nuestro entendimiento de legos en la materia) sólo estamos en condiciones de evaluar la información que los medios eligen divulgar. Esta limitación nos impide distinguir si la sensación de “más de lo mismo” tiene asidero real (esta conferencia internacional habría servido como marco para el intercambio de experiencias antes que como plataforma para la difusión de verdaderos hallazgos) o si sólo refleja las dificultades del periodismo a la hora de detectar los aspectos más novedosos del encuentro (por lo pronto, da mala espina que la mayoría de los periódicos no haga más que reeditar las gacetillas institucionales).

De la decena de artículos leídos, rescato éste de Pam Belluck que la versión digital del New York Times publicó antes de ayer. Son tres los motivos principales de dicha selección: 1) la periodista hizo algo más que reproducir parte de esta presentación realizada en Boston; 2) el texto aborda algo que los medios prefieren pasar por alto: la investigación científica dista de trazar líneas rectas hacia el éxito (dicho de otro modo, se permite dar marcha atrás cuando considera que está errando el camino); 3) el tema de la exposición: la posibilidad de que los pacientes de Alzheimer sean los primeros en reconocer los síntomas incipientes de la enfermedad, antes mismo que los integrantes de su entorno (y que los médicos).

Efectivamente, el miércoles la AAIC 2013 fue escenario de la presentación de cinco estudios que sugieren que la preocupación subjetiva sobre el funcionamiento de la propia memoria es un indicio eventual de dificultades cognitivas que podrían desembocar en el mal de Alzheimer. En declaraciones al NYT, un alto funcionario del National Institute on Aging (o “Instituto Nacional del Envejecimiento” de los Estados Unidos) reconoció que antes no se tenía en cuenta la consulta de personas aparentemente sanas que sin embargo acusan algún problema de memoria o cierto deterioro mental. Ahora, en cambio, los científicos sospechan que en ciertos casos esta percepción es un anticipo de lo que vendrá.

Como otras investigaciones en torno a la detección precoz del olvido patológico, ésta también se encuentra en una fase inicial y sus responsables se preocupan por evitar toda reacción apresurada y/o desmedida en la opinión pública. En este caso, enseguida advierten, primero, que la condición subjetiva de esta (auto)percepción tiene un peso relativo en el combo de variables estudiadas y, segundo, que no toda persona consciente de cierto deterioro mental está condenada a la enfermedad del olvido: de hecho, ciertas fallas de memoria son propias de la edad, nada más.

Es más… Una fuente consultada por Belluck admite que “si bien algunos estudios sugieren que la gente preocupada por déficits de memoria corre más riesgo de desarrollar demencia, no queda claro si esta preocupación es un reflejo de los cambios autopercibidos o si contribuye a aumentar el riesgo de enfermedad”.

Existe un cuarto motivo por el cual el artículo del New York Times llamó mi atención: la relación inmediatamente establecida con este viejo post de MaldeAlzheimer, uno de los que inauguraron el blog allá por marzo de 2005. “Me estoy volviendo loco” se titula aquel texto que curiosamente ilustra esta suerte de instancia previa a la aquí explicada “anosognosia”, es decir, a ese otro escalón donde el enfermo se vuelve incapaz de percibir el deterioro mental que su entorno sí empezó a constatar.

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2 pensamientos en “Conferencia sobre Alzheimer en Boston. Entre la sensación de ‘déjà vu’ y la sorpresa ante la importancia acordada al fenómeno de autopercepción

  1. Hola! Visto y considerando que por largo tiempo la E.A. será irreversible y progresiva, y que la población está alcanzando mayor longevidad, paralelamente a los Congresos sobre la enfermedad misma tendrían que realizarse Congresos sobre formas de prevención financiera para asumirla, residencias especializadas con algún standard de calidad internacional, sistemas de retiro que permitan cubrir semejantes gastos. Porque si la preocupación sobre fallas cognitivas estaría induciendo a padecer la enfermedad, ni les cuento el pánico ante la realidad de los geriátricos y el Alzheimer. Cuando el marido de una amiga empezó a recorrer lugares de internación para su padre, volvía con dolor de estómago. No hace falta mucha sagacidad para deducir: “Si yo padezco este mal, iré a parar a estos lugares….”. Hasta luego. Stella

  2. Supongo, Stella, que un congreso de las características que imaginás les exigiría un esfuerzo a un subsector del rubro inmobiliario (aquel especializado en hogares para gente mayor) y a quienes invierten en este tipo de emprendimientos. De ser así, me pregunto si les interesará organizar un encuentro que probablemente convoque a una pequeña porción de la población, no porque sean pocas las personas preocupadas por el futuro que les depara la vejez y enfermedades como el Alzheimer, sino porque parece reducida la cantidad de individuos capaces de (y dispuestos a) pagar el costo de estos emprendimientos privados (recordemos el modelo holandés).

    En honor a la verdad, preferiría un congreso que discutiera esta problemática desde la perspectiva del Estado de Derecho antes que desde la lógica del emprendimiento privado. De esta manera, menos personas quedarían afuera de una posible solución.

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